miércoles, 27 de marzo de 2013

Una colección de saleros y pimenteros



SAL y PIMIENTA
una pareja muy unida



Hoy no os presentamos a un o una coleccionista, sino a dos. Bueno ¿qué digo dos? ¡cuatro! Nuestros coleccionistas son Andrea, Rolf y sus hijos, Andrea y Alex Ludden. Y la historia curiosa sobre la colección, por no decir extraordinaria (no nos gusta exagerar) es la siguiente:
Hace unos 30 años Andrea se dio cuenta de que no tenían en su casa ningún molinillo de pimienta que funcionara bien, así es que acompañada de Rolf, su marido,  salieron un día a comprar uno. Lo que ocurrió fue que no encontraron uno, sino  muchos, que les llamaron la atención. Pero, no sólo eso, mientras buscaban molinillos descubrieron un mundo de saleros y pimenteros que les fascinó y se quedaron prendados de ellos, lo que todavía les ocurre en la actualidad. Aprecian  la variedad de formas, temas y colores que pueden presentar estos pequeños objetos. Andrea, como buena arqueóloga que es, se enamoró también de la historia que hay detrás de ellos.
A finales de la década de 1990, para Navidad Alex le regaló a su madre  una cámara digital que ella utilizó para tomar fotos de los saleros y pimenteros, que tenía repartidos por su casa y hasta en  cajas en el sótano. Andrea se puso a recoger datos de cada pieza, les tomaba medidas, las describía con detalle y añadía las notas que le parecían interesantes para su catalogación. Cuando se abrió la última caja, Rolf dijo ¡se acabó! no voy a llevar ni una caja más, tienes que hacer algo con todo esto! y eso parecía una decisión pertinente, pero la respuesta no era evidente: ¿qué se podía hacer con todo aquello?
En el año 2001 Andrea y su familia se mudaron desde el centro de Texas a las montañas "Smoky Mountains" para abrir el único museo de su tipo existente en el mundo. Actualmente se exhiben en dicho museo más de ¡20.000 piezas! (contando el salero y el pimentero como una unidad).
Algo que les parece interesante es el poder mostrar a través de los saleros  y pimenteros los cambios experimentados en la sociedad. Y, visitando el museo se puede hacer un recorrido histórico desde el siglo XIX hasta nuestros días.
Otro objetivo del museo es mostrar cómo artesanos y artistas han sabido plasmar en estos objetos toda su creatividad y buen hacer, porque el visitante no puede dejar de sorprenderse de la gran variedad que existe  ¿cómo se pueden crear tantas formas y temas diferentes? Sin contar con los materiales de los que están hechos, pues igual pueden ser de plata u otros metales, como de cristal, cerámica, porcelana, madera, etc. 
Y la familia de Andrea todavía persigue otro fin con este museo, que no es otro que el de contactar con otros coleccionistas, porque saben que existen muchos, ya que, desde antaño ésta es una colección relativamente popular, porque  ¿quién no tiene un abuelo, amigo, compañero de trabajo o vecino que no los coleccione?
Desde el 21 de mayo de 2010 Andrea y los suyos han abierto en Europa un segundo museo. Se encuentra ubicado en España, en El Castell de Guadalest fuera de Benidorm, en la provincia de Alicante. El museo cuenta con  otras 20.000 piezas, la mayoría de las cuales no se encuentran en el museo de EE.UU, lo que da una idea de la creatividad desplegada en la fabricación de estos objetos y ¡la imposibilidad de tenerlos todos!
Por conocer un poco la historia de saleros y pimenteros, recordemos que la presencia de la sal y la pimienta en la mesa, destinadas a aderezar los platos individualmente, no hicieron su aparición simultáneamente. Podemos decir que el salero tiene una andadura mucho más larga y se utilizó bastante antes que el pimentero. Se sabe que los romanos utilizaban unos recipientes conteniendo sal que colocaban encima de la mesa y con los que antes de ponerse a comer practicaban un ritual, venerando a sus antepasados. Estos salinum solían ser de plata en las clases pudientes, pero también se utilizaban de cerámica.
Durante la Edad Media los saleros fueron cobrando importancia, y se fueron haciendo más grandes y sofisticados en el Renacimiento.  Se trataba de recipientes muy ornamentados, de los que se cogía la sal con los dedos, a no ser que vienieran acompañados de una cucharita. Normalmente eran obra de orfebres. Por poner un ejemplo, recordemos el famoso salero de Benvenuto Cellini, que está hecho en oro, madera de ébano y esmaltes y que el artista hizo para el rey de Francia Francisco I.
La convivencia apacible y callada de saleros y pimenteros, no comenzó hasta finales del siglo XVII, cuando en la corte de Luis XIV se decidió que de todas las especias destinadas a la condimentación de platos,  la pimienta era la mejor y merecía un puesto en la mesa del rey. Y como la sal ya ocupaba un lugar de honor, pues intentaron armonizar los recipientes de uno y otro condimento. El que fuera entonces cuando la pimienta apareciera en las mesas  elegantes, no quiere decir que no se consumiera hasta entonces, ya que las bayas de este condimento, oriundo de la India, eran conocidas desde antiguo.
Esta compañía del salero y el pimentero se ha llevado a cabo a lo largo del tiempo de modo muy diverso, en algunos casos se ha buscado la originalidad, en otros el fácil manejo, pensando en su funcionalidad. A veces se  recurre a dar a ámbos recipientes formas iguales, o bien se compone con las dos piezas escenas o conjuntos en los que el salero y el pimentero son muy diferentes, pero complementarios.
Por cierto, parece ser que el primer salero con tapa, fue obra de John Mason, un herrero que lo inventó en 1858.
Los saleros y pimenteros que se pueden admirar en el Museo de Andrea son preciosos y todos ellos, hasta los que son de simple plástico, son importantes, porque representan una época, una moda, un estilo, un modo de hacer. Para daros una idea de lo que podéis encontrar allí, os recomendamos las webs de esta colección. Podéis visitar su museo en EE.UU. o el de  Castell de Guadalest (Alicante)  que os cae más cerca. Como os hemos comentado, en cada uno de ellos hay más de 20.000 piezas y son muy pocas las que se encuentran repetidas en uno u otro lugar. Así que, bien pensado, ¡podéis visitar los dos! ¡No es fácil encontrar una colección tan salerosa y picante como esta!
 
 



miércoles, 20 de marzo de 2013

Lote nº 96 de imágenes de casas construidas sobre la vía pública o pasajes


Foto nº 572: Sabayes (Huesca). Jose Murciano

Foto nº 573: Saint-Lizier (Francia). Antoni Palmarola
Foto nº 574: Sabayes (Huesca). Jose Murciano

Foto nº 575: Teruel. Jose Murciano


Foto nº 576: Sabayes (Huesca). Jose Murciano
Foto nº 577: Saint-Lizier (Francia). Antoni Palmarola



Si queréis enviarrnos fotos, podéis hacerlo a:
mjfuster20@yahoo.es

¡Gracias!




miércoles, 13 de marzo de 2013

200 colecciones


 
 
Hemos intentado contar las colecciones presentadas en Procoleccionismo pero, la verdad, es que cada vez nos sale un número distinto, aunque honestamente, creemos que ya hemos superado las DOSCIENTAS. Examinando los temas de cada una de ellas, vemos que los hay para todos los gustos y para todos los bolsillos. Buscando quién  está detrás de cada colección, encontramos a jóvenes y a mayores,  a personas con mucha formación cultural y a aquellas que tienen otras inquietudes, pero todas llenas de entusiasmo y con ganas de disfrutar y aprender con y de su colección. A todas ellas queremos felicitarlas por lo que han conseguido y por lo que aún desean alcanzar. Nosotros seguiremos disfrutando de sus tesoros y de su generosidad, pues han aceptado acercarnos a nuestro blog, muy  amablemente, lo mejor de sus colecciones. GRACIAS ¡y a por las 300!
 
 

martes, 5 de marzo de 2013

Una colección de etiquetas de aceite

ACEITE DE OLIVA
QUE ALIMENTA Y TODO LO CURA



Mark  es canadiense, vive en  Beaconsfield (Quebec)   y le gusta coleccionar. Entre otras cosas, hace colección de marcapáginas con el tema de su país, y también de envoltorios de fruta, pero ahora vamos a presentaros su colección de etiquetas de aceite de oliva.
Nos cuenta Mark que colecciona etiquetas de aceite de oliva de todos los países. Le interesan tanto las que aparecen en las botellas como en las latas, lo único que busca es que no hayan sido utilizadas. Empezó con esta colección hace unos 22 años y, desde luego, no fue nada premeditado. Lo que pasó fue que un día se quedó admirando una etiqueta de aceite de oliva que lucía en una botella, porque le resultaba muy atractiva. Después descubrió otras etiquetas que también le parecieron muy atractivas, y a fuerza de ver etiquetas que le gustaban llegó a la conclusión de que era un buen tema de colección.
Quiere aclarar, de todos modos, que lo que le gusta de ellas es su aspecto artístico, así pues sólo se guarda aquellos diseños que le parecen interesantes, no es que pretenda acaparar todas las etiquetas que existen en el mercado.
Recordemos que al menos en España, el aceite se comercializaba a granel, y que no fue hasta el año 1966 cuando se prohibió llevar a cabo este tipo de venta en todas las tiendas de detallistas. En los únicos lugares que se podía seguir comerciando a granel era en las cooperativas de olivereros.  A raíz de esta normativa, el aceite de oliva se debía presentar en botellas de cristal o plástico de 1 litro o en bidones de metal, siendo la capacidad de 5 litros la máxima autorizada. De todos modos, con el fin de evitar los fraudes y garantizar la calidad, desde hacía algunos años ya se había empezado a vender aceite envasado, en botellas no rellenables. Marck tiene entre sus etiquetas algunas de finales del siglo XIX.
Si algo distingue a las etiquetas de aceite, aparte de sus paisajes y escenas coloristas, es la profusión de información que tienen que ofrecer, dependiendo del tipo de aceite de que se trate. Actualmente, en casi todos los países se exige que se especifique claramente si es aceite de oliva virgen, aceite de oliva, aceite de oliva virgen extra, aceite de orujo de oliva... Además, figuran otros datos, unos obligatorios, como el lugar de procedencia, la cantidad exacta que contiene el recipiente, nombre y dirección del fabricante, nombre específico del producto, etc. y otros optativos, como la denominación de origen, grado de acidez...
El país del que Mark ha conseguido mayor representación es de Italia, aunque sus favoritas son tanto las etiquetas antiguas de Francia, Italia, España y algún otro país. De todos modos, actualmente también se lanzan al mercado productos con unas etiquetas que son auténticas obras de arte.
Entre los motivos que se muestran en las etiquetas, suelen proliferar los considerados clásicos, pues de lo que se trata es de resaltar y poner énfasis en la tradición y conocimientos de los cultivadores de un área geográfica determinada, así como la de ensalzar la calidad y características especiales de unos olivos, de una tierra, un clima, etc. Por eso, no suelen faltar imágenes de hombres y mujeres (más mujeres que hombres) recogiendo olivas y haciendo otras tareas propias de la producción de aceite, y también imágenes de olivos, aceitunas, paisajes de la zona donde se recolectan las aceitunas, etc.
Mark tiene una web dedicada a su colección, aunque tiene pensado, dentro de pocas semanas, darle un enfoque distinto y aprovechar para colgar más piezas. Le gustaría mucho poder contactar con otros coleccionistas, pues solo ha llegado a conocer a dos y ha perdido el contacto con ellos hace unos años. Normalmente para incrementar su colección canjea etiquetas por otros artículos, las solicita a los productores de aceite de oliva o simplemente las compra. Ojalá a través de Procoleccionismo pueda contactar con otros coleccionistas con los que pueda intercambiar.
Aunque la producción de aceite de oliva tradicionalmente se ha localizado en los países del área mediterránea, donde tiene sus orígenes el cultivo del olivar, su fabricación y consumo se ha extendido estos últimos años a muchos otros lugares. Figuran entre los mayores productores mundiales países como España, Italia, Grecia, Siria, Túnez, Turquía, Marruecos, Argelia, Portugal, Argentina, etc. Muchos países que, seguramente, pueden aportar bonitas y exóticas etiquetas a la colección de Mark.
Y, como estamos acabando el espacio dedicado al aceite de oliva y todavía no hemos hablado de las aceitunas, digamos, como curiosidad, que tres cuartas partes de la pulpa de las olivas es aceite. Esta circunstancia hace muy fácil su extracción, que se consigue gracias a la simple presión,  realizada habitualmente en los molinos o almazaras. El 90% de la producción de aceite de oliva se destina a usos culinarios. 
Si queréis intercambiar etiquetas de aceite, bien sea por etiquetas o por otros artículos (marcapáginas, sobres de azúcar, etc.) podéis escribir directamente a Mark  mawickens@yahoo.com ¡buenos intercambios!
 .

miércoles, 27 de febrero de 2013

Una colección de balanzas

 


EL PESO EXACTO DE LAS COSAS


¿Para que sirve una balanza? pues para pesar, claro. La balanza tradicional es un instrumento con dos brazos iguales, que cuelgan de una barra horizontal y que mantienen una situación de equilibrio. Para pesar un objeto, hay que colocarlo en uno de los platos y en el otro se pone un peso determinado (una medida), hasta conseguir que ambos platos vuelvan a alcanzar el equilibrio. Dependiendo del destino que se le va dar a la balanza, es decir, en función del artículo que se va a pesar habitualmente, las balanzas presentan diferente tipología. También cambia la precisión que se les exige, pues si bien es cierto que el objetivo es que pesen siempre exactamente, la verdad es que no es lo mismo las que van a ser utilizadas en un laboratorio o en una joyería, o las que se emplearán en una frutería.
El que conoce de balanzas y otros muchos tipos de instrumentos de medida y precisión  es  José Pedro Gutierrez, un coleccionista madrileño al que ya tuvimos ocasión de presentar en Procoleccionismo con su colección de aparatos de telegrafía. El nos ha ayudado, para empezar, a diferenciar lo que es una balanza y una báscula, términos que a veces se confunden. Y nos dice que, para explicar bien esta diferencia se tendría que distinguir entre los conceptos de masa y peso, cosa que no se hace en el lenguaje coloquial. Por ello, también a nivel coloquial, podemos decir que las balanzas tienen dos platillos y no miden, sino que comparan, mientras que las básculas tienen un solo platillo y tienen una escala que mide directamente el peso. Por cierto, que si nos paráramos a pensar en la etimología de la palabra balanza ya no tendríamos ninguna duda, puesto que dicho nombre tiene su origen en los términos BIS (dos veces) y LANX (platos), ¡más claro agua!
Y hablando de orígenes, hay que recordar que este instrumento de medición es conocido desde la Antigüedad, sin que pueda precisarse muy bien quienes fueron los primeros en utilizarla. Lo que sí que se conoce bien, es que al principio los platos de pesar colgaban de una barra horizontal, pero que el francés Giles  Person, natural de Roberval, en el siglo XVII revolucionó el sistema poniendo los platos por encima del eje horizontal, no colgando de el.
Muchos otros fueron los inventos y aportaciones técnicas que permitieron que, en el siglo XIX, las balanzas llegaran a ser verdaderos instrumentos de precisión. Después, ya en la segunda mitad del siglo XX, aparecieron las balanzas automáticas, en las que había un recuadro circular o en forma de abanico donde se indicaba el peso exacto. Pero el gran avance tecnológico se ha producido con las balanzas electrónicas, donde no sólo se da el peso exacto, sino el precio de la mercancia, se facilita un ticket de la compra, etc. De todos modos, y para resumir, puede hablarse, básicamente, de la existencia de cuatro tipos de balanzas: las de cruz, la romana, de Roverbal y de muelles.
Nuestro coleccionista nos cuenta que adquirió la primera balanza hace unos treinta años, sin embargo, la idea de coleccionarlas le vino algo después. Y, las balanzas que verdaderamente le interesan son las balanzas postales inglesas de 1840 (fecha en que se introdujo el sello de correos) hasta 1940 aproximadamente.
Cuando le preguntamos a José Pedro si al comprarlas procura que sean piezas en buen funcionamiento, no lo duda ni un momento: la respuesta es NO, al contrario, procura fijarse en las que están deterioradas y que les falta algún peso, ya que entonces el precio de compra es mucho más asequible y además, le permite hacer a él mismo el trabajo de restauración, tarea que le encanta.  
Para aumentar su colección generalmente compra por internet, directamente del Reino Unido. Los vendedores son en general muy serios y los costes de envío muy razonables. Entre las piezas de su colección que aprecia particularmente no nos señala a ninguna en particular, pero sí que menciona alguna que no tiene. Cuenta que hasta ahora se le ha resistido, pero que le encantaría tener,  un modelo de 1840 llamado "Candlestick" (candelabro), ya que hay muy pocos ejemplares y sus precios son prohibitivos. 
Como hemos comentado, su colección se nutre fundamentalmente de balanzas postales. Una de las razones es que la restauración es más sencilla y los materiales (latón o bronce y madera) vuelven a lucir con toda su belleza. La mayor parte son inglesas, pero también cuenta con algunos preciosos ejemplares alemanes. Aunque no conoce personalmente a ningún otro coleccionista de lo mismo, sí que ha encontrado algunas páginas web de coleccionistas en el extranjero.
Y no podemos dejar de hablar de la simbología de la balanza, pues como todo el mundo sabe representa al Derecho y la Justicia. Diosas griegas y romanas aparecían sosteniendo con su mano izquierda una balanza en equilibrio, imagen que evoca en la persona que la contempla la idea de la mesura, de la ponderación y el equilibrio.  Examinar los hechos, sopesar, dar a cada uno lo que le corresponde, ese es el principio de la Justicia.  Pero a José Pedro las balanzas que le interesan no son precisamente las de la Justicia sino, como hemos dicho, las destinadas al correo postal, un asunto más tangible y menos complicado.
Si queréis, podéis visitar la web personal de José Pedro y asomaros a sus múltiples e interesantes colecciones. Además de objetos curiosos, descubriréis a una persona amable con muchas aficiones e inquietudes. Un buen coleccionista.



 

miércoles, 20 de febrero de 2013

Lote nº 95 de imágenes de casas construídas sobre la vía pública o pasajes

Foto nº 566: Praga. G.D.M.
Foto nº 567: Brno (República Checa). G.D.M.

Foto nº 568: Brno (República Checa). G.D.M.
Foto nº 569: Praga. G.D.M.
Foto nº 570: Brno (República Checa). G.D.M.
Foto nº 571: Viena. G.D.M.
Si quieres enviarnos fotos, puedes hacerlo a:
mjfuster20@hotmail.com

¡GRACIAS!

miércoles, 13 de febrero de 2013

Una colección de Playmobil

 
CLICK CLICK
 
Nuestro invitado de hoy es  Luis Fernández,  uno de los grandes coleccionistas de Playmobil en nuestro país. Aunque ha nacido en Castro, habita en Leioa (Vizcaya). Empezó con esta colección hace unos dieciocho años. Resulta que los Reyes Magos le trajeron a su hija (que no a él), el Circo Romani y con la excusa de que la niña era pequeña, pues entonces tenía dos o tres años,  él empezó a jugar con el regalo. La verdad es que enseguida le pareció un juguete de rol muy interesante con el que se podían crear mil y una situaciones diferentes. Otras de las ventajas que encontró en estos pequeños objetos fue su robustez, unida a su simplicidad, lo que hace de ellos unas piezas de una calidad impecable. Por otro lado, resultan muy útiles para desarrollar la imaginación y motricidad en los niños. Con todos estos factores a favor, la colección fue tomando forma poco a poco. Después del "circo" vinieron las series contemporaneas, con el tema de "obras", "médicos" y, cómo no, las series de animales: "zoo", "granja", "ponys"... Después ya llegaron los deportes, "buceo", "esquí", "vela",  "motos", y, claro está, no podían faltar los "policías" para ordenar todo aquél ir y venir de gente y vehículos, y tampoco faltaron los "bomberos", por si acaso había algún accidente. En esta enjambre de mundos y épocas, encontró su lugar en casa de  Luis  la serie del "fuerte del oeste", que alguien les regaló, y entonces tuvieron que venir "soldados" para protegerlo de los "indios", que, de momento no atacaban porque no estaban, pero podían llegar de un momento al otro, como así ocurrió.  Más tarde nuestro coleccionista sucumbió al encanto de los "castillos" y con el "barco pirata" hubo suerte, porque fue heredado de su cuñado.
Por cierto, éste fue un buen precedente, porque la verdad es que ha recibido muchas piezas de regalo. Primos, vecinos, amigos e incluso clientes,  le han dado piezas que ellos ya no utilizaban y estas donaciones, junto con lo que ha ido comprando, supera ya la cantidad de 12.000 unidades, aunque exacto exacto tampoco sabe  lo que tiene.
Estos seres diminutos y tiernos, siempre con la sonrisa en los labios, fueron creados en 1970 por Hans Beck para la firma alemana Geobra Brandstätter. En el Salón del Juguete de Nuremberg tuvo lugar su presentación oficial con la denominación actual, Playmobil. Desde entonces, el éxito ha sido ascendente. En el Estado español se fabricaron entre los años 1976 y 1983 bajo licencia de Famosa, con el nombre de Famobil, pero visto el éxito que tuvieron, la firma alemana recuperó el control y se volvieron a llamar Playmobil.  En 1911 se calculaba que la población mundial de los clicks superaba la cifra de dos millones y medio de unidades.
Las figuras están fabricadas en ABS, un plástico muy resistente. Miden 7.50 centímetros de estatura. Al principio se fabricaron sólo varones, pero a partir de 1976 hicieron su aparición las figuras femeninas. En 1981 llegaron los niños y niñas, con una altura inferior de 2 centímetros respecto a sus papás. Los bebés son 3.5 centímetros más bajitos que los adultos. Otro dato interesante es el que nos instruye sobre su movilidad. Los primeros personajes disponían de cuatro articulaciones, que les permitían girar la cabeza, mover los brazos por separado e inclinarse hacia adelante. A partir de 1982 se les dotó de movimiento en las manos, que desde entonces pueden girarse. Esto permite que puedan agarrar mejor los diferentes accesorios de los que disponen. Por cierto, que todos esos accesorios se adaptan perfectamente a sus manos ya que tienen la misma medida de 3,2 mm de espesor. Para terminar la información técnica, digamos que a partir de 1990 se empezó a comercializar una nueva gama de artículos destinados a los niños menores de 3 años, con la finalidad de que no resultaran peligrosos para los más pequeños, ni por las figuras en sí mismas (que son más redondeadas y sin tantos movimientos) ni por los accesorios, que son más grandes de tamaño, con lo que se pretende evitar que se los pongan en la boca y se los puedan tragar.
Luis, evidentemente, tiene personajes de Playmobil de todo tipo y condición, viejos, niños, jóvenes y de mediana edad, y también de todos los oficios y profesiones pasadas y futuras, y  los que no tiene, los crea él, con algún toque de pintura y accesorios bien puestos.  Y es que lo que le gusta mucho es preparar dioramas y escenas con algún tema determinado. Y, para eso, la excusa ideal es presentar alguna exposición, tarea en la que ya es un verdadero experto.
Cuando tiene que montar alguna, primero prepara el tema de la exposición con los responsables, o les presenta varios proyectos acordes al lugar o de una época determinada, para que den su parecer. Posteriormente, prepara unos bocetos de las escenas y busca el material necesario.  Aunque procura documentarse sobre el tema que va a exponer (ciñéndose todo lo posible a la historia, con escenarios, construcciones y personajes adecuados a esa época, incluso fauna y flora local, etc), no suele hacer ningún montaje previo, sino que todo lo desarrolla in-situ y se deja llevar por lo que le inspira el local y el entorno del lugar donde se representará. Así, ha llegado a montar las exposiciones en los Museos Marítimo y de las Reproducciones Artísticas de Bilbao. En el primero presentó "Los 100 barcos de Playmobil" y "Un mar de aventuras" y en el segundo "Berre-click artea" y "Troia". En el Museo Marítimo de Bilbao tiene también una exposición permanente que ayuda a la comprensión de diversas partes del museo. En el Rialia montó dos exposiciones y una en Torre Salazar de Portugalete y en el Centro Cultural de Santa-Clara. A esto hay que sumar varios escaparates en el Puente Colgante (Monumento Patrimonio de la Humanidad), Exposiciones en Centros Culturales, Diorama permanente en el Centro de Recuperación y Reciclaje de Traperos de Emaus Navarra, escaparetes en tiendas, etc. La última exposición fue estas navidades en el Palacio de Aiete de San Sebastián.
Nos cuenta Luis que, aunque hay muchos coleccionistas de Playmobil, a él le gusta ir un poco por libre y procura no mirar los montajes de los demás. Prefiere aplicar sus propias ideas y dar un sello personal a las exposiciones, por eso se inspira en sus propias vivencias, en películas que le han impactado, noticias de la vida real, obras de arte. Unos libros que le gustan mucho y en los que se ha inspirado repetidas veces so los de Richard Unglik.Y, volviendo a los coleccionistas, nos dice que sí que tiene buena amistad con una asociación catalana, Somosclicks.
Luis tiene un estupendo blog llamado "La Mar salada" en el que dedica un espacio a su colección de Playmobils. Por cierto, que lo perfeccionista que es Luis para todas sus cosas nos lo confirma el hecho de que el pasado año 2012 recibió el premio de la Federación Española de Vela, como mejor fotógrafo del año. Y, una recomendación, visitar su web, en la que da cuenta de todas las actividades en las que participa.