COLECCIONISTAS DE "COSAS PEQUEÑAS"
¿Qué es ser un coleccionista de "cosas pequeñas"? Pues aquél que, ni más ni menos, logra descubrir en objetos pequeños, aparentemente anodinos, algo bello, útil, innovador. No les interesa el valor material de un artículo en sí mismo, sino, más bien, saber qué necesidades trataba de solventar, cuáles han sido los cambios que ha experimentado desde que se creó... Así, encontramos, por ejemplo, la colección de tarjetas de hotel para substituir a las llaves de la puerta las habitaciones, los candados, los mecheros, las latas de Coca-Cola. Hay otras colecciones que prestan especial atención a cómo han cambiado los motivos decorativos, en qué estilos se han inspirado, en qué tendencias, ya que la forma es siempre la misma, como ocurre con las servilletas de papel, los dedales, los calendarios de bolsillo...
Bueno, en estos encuentros de coleccionistas, los visitantes tienen la posibilidad de descubrir muchos "tesoros", y al hablar de tesoros no nos referimos a bienes materiales, sino a piezas que pueden ser muy importantes en una colección, ya sea de cromos, de libros de nuestro autor preferido, de carteles de cine...
Aunque, lo mejor de estos encuentros, suele ser el de las personas, pues no hay nadie mejor que un coleccionista, para comprender a otro coleccionista e identificarse con él/ella. Sólo a un colega no le parecerá una locura hacer kilómetros y kilómetros para ir a un mercadillo de antigüedades, y pasarse horas y horas mirando prismáticos, mapas antiguos o latas de hojalata.
La guinda de la personalidad del coleccionista de “cosas pequeñas” es la generosidad. Cuando se da el caso de que no pueden intercambiar nada, se pasa a la compraventa, normalmente con precios ajustados. Hasta es frecuente, que el vendedor te obsequie con algún “detalle”. Y este buen rollo se contagia al público visitante.
A mi me ha pasado, que después de haber asistido a uno de esos eventos, con mi colección de hueveras, al año siguiente unas personas me han venido a regalar una huevera que tenía su abuela en una vitrina; otra señora, me dio una huevera con forma de pollito, que fue la última pieza que pintó cuando trabajaba en una fábrica de cerámica de Mollet, el día antes que cerrara sus puertas. Y un coleccionista de otras cosas, me trajo una de Irán. Estos son solo unos casos de generosidad, entre otros muchos, como el donante anónimo que me envió un paquete desde Hollywwood.
El coleccionista de cosas pequeñas, es sensible y generoso y tiene el corazón muy grande.

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