miércoles, 16 de mayo de 2012

Una colección de "Hazañas Bélicas"

Hazañas personales


Esteve es un coleccionista de  tebeos de "Hazañas Bélicas". Nos cuenta que empezó a interesarse por estos cuadernos a finales de los años 60, cuando muchos domingos por la mañana iba de paseo con sus padres y, si se portaba bien, le compraban un "Hazañas Bélicas" en el quiosco del parque. Se los guardaba todos, casi sin saber que estaba coleccionando. Ha sido en estos últimos años, al  empezar a frecuentar encuentros y ferias de coleccionismo, cuando se ha dado cuenta que era posible completar aquella colección empezada hace 35 años y de la que ya contaba con casi la mitad de los ejemplares.
Se ha concentrado en la colección azul, que es como se denominan los números publicados a partir de finales de los 50, y que se inspiró en la serie anterior,  de los años 40,  que había salido al mercado con un papel mucho más fino. Los argumentos o guiones de esta serie deben entenderse en el contexto de aquella época de plena guerra fría y en el que existía un latente anticomunismo.  Cuando ahora los lee,  encuentra los guiones bastante transnochados, pero lo que sigue apreciando es la calidad de los dibujos, especialmente los de Boixcar, que muestra una técnica muy depurada en la utilización de plumilla  y tinta china.
Estos tebeos de "Hazañas Bélicas", en la posguerra fueron una de las colecciones más queridas y populares para el lector de tebeos. Esa calidad de la que hablábamos  al referirnos al dibujo de Boixcar, y la universalidad de las historias, propiciaron que la colección se prolongara durante muchos años. Sin embargo, la primera serie, constituida por 29 episodios, no tuvo un éxito instantáneo. Esteve sólo tiene algunos números de dicha serie, y es que no son su objeto de colección.
La nueva andadura de "Hazañas Bélicas" comenzó a finales de los 50. Esa serie azul siguió presentando su formato habitual de cuaderno apaisado (17 x 24 cm), editado por Toray, que incluía una historia autoconclusiva, es decir, comenzada y terminada en cada ejemplar. El detallado dibujo eran obra de Boixcar, seudónimo de Guillermo Sánchez Boix.
El objetivo o pretensión de la serie era, según se decía, relatar hechos bélicos relevantes supuestamente acaecidos durante la Segunda Guerra Mundial, a los que  se "habían variado los nombres de los protagonistas". Lo cierto es que parece más realista pensar que, más que referirse a personas y actos concretos, lo que hubo fue una clara inspiración en algunos hechos de la contienda, pues  los puntos en común entre las historias presentadas en el tebeo y las que se vivieron durante la guerra  no  son evidentes. Las cuidadas ilustraciones de Boixcar, son el soporte de los guiones escritos por diferentes autores, entre los que figuran algunas mujeres.  Ambición, celos, traición, amor, cobardía, incluso religión, se entretejen para dar forma a historias que pretenden transmitir ciertos valores, como sentido de la responsabilidad, del deber, amor a la justicia,.. Las mujeres tienen una presencia constante, ya sea como figura central de la acción (por ejemplo, una pérfida agente doble como protagonista de la trama), u otras figuras femeninas que son el pretexto o estímulo  para que el héroe masculino lleve a cabo una acción.
Las historias relatan situaciones protagonizadas por soldados de diferentes nacionalidades, principalmente norteamericanos, en lucha contra los alemanes o japoneses, donde los buenos son siempre los americanos o aliados. Pero también los germanos pueden transmitir un mensaje positivo en la historia, siempre que se enfrenten con los soviéticos. Para ser sinceros, a pesar de estas tomas de posición, casi siempre se advierte en el guionista una intención y voluntad de resaltar algún aspecto positivo del enemigo o, al menos, transmitir que si en un momento determinado un soldado obraba mal, era más a causa de la situación dura y difícil que se estaba viviendo, que era siempre la de la guerra, que por llevar uno u otro uniforme. Además de la Segunda Guerra Mundial se encuentran escenarios de la Guerra de Corea, Indochina y otros.
Como hemos dicho se publicaron en la primera serie un total de 29 episodios, todos ellos contando historias diferentes a excepción de los dos últimos. Todos estuvieron realizados por Boixcar, a excepción del número 26 con guión de Feralgo y dibujo de Josep María Sánchez Boix, hermano y entintador de Boixcar, cuaderno que posee una calidad notablemente inferior en comparación al resto. Finalizada la serie, se reeditó en 1949 y 1950, en formato álbum y agrupando 4 y 3 números originales respectivamente. En ambos casos, unos de los episodios quedó fuera. Las buenas ventas de estas reediciones fue lo que animó a la editorial Toray a inciar a finales de 1950 la segunda y exitosa serie, la serie azul, por la que nuestro coleccionista se interesa, y que se prolonga hasta el número 371.  
Esteve colecciona también Flash Gordon, El hombre enmascarado, Tintín, Asterix, Tex... Los tiene ordenados por números consecutivos, por lo que es fácil encontrarlos. Para conseguir nuevos ejemplares acude a ferias de coleccionistas o al intercambio directo. También lo hacía por correo, pero este sistema encarece la operación. Precisamente para facilitar los contactos entre coleccionistas (principalmente de tebeos, cómics, puntos de libro, calendarios...)   ha creado junto a un grupo de amigos una asociación. Como es bastante realista, Esteve reconoce que, por el momento, si tuvieran que darle una categoría a  esta asociación no pasaría de estar en 2ªB (nada de 1ª), pero tanto él como sus colegas están satisfechos porque,  aunque disponen de colecciones modestas, hay varias muy completas.Tienen una web  en la  que están trabajando para poder dar cuenta de las actividades y contactar con otros coleccionistas. 
Son  "Hazañas Bélicas" unas historias en las que la guerra y la acción no son el principal elemento de cada relato, sino el marco en el que éste sucede.  El protagonista es el hombre, no el hecho bélico, aunque, cuando por "exigencias del guión" hay que relatar escenas de lucha violenta, no se escatiman detalles y se ofrece un gran realismo  en el armamento utilizado, los uniformes, edificios, etc. porque la serie está muy bien documentada. 

martes, 8 de mayo de 2012

Lote nº 83 de imágenes de casas construídas sobre la vía pública o pasajes

Foto nº 494: Córdoba. Daniel González Fuster

Foto nº 495: Barcelona. Pilar Vidal. 
 Foto nº 496: Bibola (Italia). Valeria Martini

Foto nº 497: Barcelona. Pilar Vidal
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Foto nº 498: Barcelona. María José Fuster

Foto nº 499: San Donnino (Italia). Valeria Martini


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miércoles, 2 de mayo de 2012

Una colección de placas de cava



Antes de las burbujas
Hace un tiempo que  presentamos en Procoleccionismo a Jordi Viader en la categoría de "grandes coleccionistas". Si lo hicimos así, fue porque queríamos resaltar la diversidad de sus colecciones y la importancia de las mismas.
Ahora, hemos decidido no presentar en este blog a nadie más con la etiqueta de  "grandes coleccionistas", por la simple razón de que hemos aprendido que, aunque puede haber mucha diferencia entre una colección u otra (más o menos completas o ricas), no la hay entre los coleccionistas: todos merecen el calificativo de grandes. Creemos, sinceramente, que lo que de verdad es importante es el esfuerzo y la pasión que los coleccionistas ponen en sus colecciones, no sólamente los resultados que consiguen, que pueden depender de muchas circunstancias (poder adquisitivo, lugar donde se vive, etc.). Dicho ésto, también es cierto que  no nos arrepentimos de haberle dado el título de "gran coleccionista" a Jordi Viader, porque si alguien lo merece es él. En esta ocasión, vamos a comentar su colección de placas de Cava.
La denominación de placas de cava -el nombre de chapas suele reservarse para el tapón corona- designa a las piezas de metal que, junto con el bozal de alambre,y el tapón de corcho, son utilizadas para sellar las botellas de cava. Sirven para evitar que la presión que ejerce el gas en el interior de las botellas de vinos espumosos,  expulse el tapón.
Las placas las inventó Adolphe Jacquesson en Chalons sur Marne, una pequeña población de la Champagne, en Francia, en el año 1844. Recordemos que sólo los vinos espumosos del área de Champagne pueden utilizar esta conocida denominación de champagne, en otros lugares la misma bebida (o similar) tienen su propio nombre. Así, en Italia se conocen como Spumanti, en USA se llaman Sparkling wine, en Alemania y Austria Sekt, en Argentina y Chile, champaña o vinos espumantes y entre nosotros se conocen como cava, etc. Volviendo a nuestra historia sobre Jacquesson, él era hijo de un viticultor y estaba preocupado por las cuantiosas pérdidas de botellas que sufrían en la bodega familiar, a causa de la salida del tapón. Hay que pensar que entonces se cerraba el tapón con la ayuda de un cordel y que, muchas veces, esa cuerda se estropeaba por la humedad u otras causas, por lo que resultaba ineficaz para contener la presión interna. El 11 de Noviembre de 1844 Jacquesson registró la patente del sistema que todos conocemos actualmente, que consiste básicamente en el tapón de corcho, bozal de alambre y la placa metálica.
Al principio, las placas metálicas no llevaban ninguna marca y presentaban unos entalles mayores que los actuales, con el fin de permitir el paso de las patas del bozal. Fue a finales del XIX cuando se empezaron a personalizar, embutiendo por un sistema de troqueles el nombre de la marca o de la cava. A comienzos del siglo XX aparecieron, también en Francia, las primeras placas litografiadas, un sistema de impresión que aplicado sobre la plancha de metal permitía incluir textos más amplios, dibujos y colores. A partir de entonces, se ha recurrido a numerosos temas para decorarlas. Uno de los más frecuentes son aquellos que reproducen el nombre o el logo que figura en la etiqueta. También se han dedicado placas a motivos de la Naturaleza, del Arte, hombres y mujeres célebres, conmemoraciones, nombres de grandes hoteles y restaurantes,  etc.
En Cataluña, donde el cava nace oficialmente en 1872, las primeras placas personalizadas del tipo estampado-entallado son de los años treinta. Después de la guerra civil la falta de materia prima obligó a los fabricantes a reutilizar recortes y latas de conserva usadas, lo que nos ha permitido encontrar algunos ejemplares curiosos de placas con inscripciones en el interior, que nada tienen que ver con el mundo del cava. Las primera placas litografiadas datan de finales de los 60 e inicios de los 70, y no presentan ningún entalle, sino una simple muesca de dimensiones muy reducidas.
Jordi nos explica que el coleccionismo de placas de cava se inició allá en los años ochenta del pasado siglo, aunque el gran impulso se produjo a mediados de los años 90. Nos cuenta que él  considera que existen dos causas que contribuyeron a ello: por una parte,  la fundación de la primera asociación de coleccionistas de placas de cava, que trajo aparejada la organización de los primeros encuentros de intercambio. Y, por otro lado, la edición en 1995 del primer catálogo de placas de cava, sólo tres años después de la publicación del primer catálogo mundial. 
Actualmente, el número de aficionados reunidos en diferentes asociaciones supera los cinco mil, que se encuentran localizados fundamentalmente en Cataluña, con un núcleo importante en Madrid y otro en la Comunidad Valenciana.    Se publica una revista trimentral a todo color "Infoplaca" y dos boletines, uno mensual y otro cuatrimestral, además de catálogos, páginas web e, incluso, fascículos coleccionables.
El gran auge que ha experimentado este coleccionismo, ha llevado a algunas bodegas a interesarse por el tema y ha dado lugar, sobre todo a partir del boom del año 2000, a un crecimiento desmesurado del número de novedades. Así, nos encontramos que si hasta la publicación del primer catálogo cada año aparecían entre 15 y 20 placas nuevas, en 1996 fueron 50, en el 2000 ya fueron 200, en el 2001 llegaron a 500 y en el 2003 ¡750! lo que resulta una progresión dificilmente sostenible para el simple aficionado, que se ve incapaz de mantener su colección minimamente actualizada.
Para conservar y proteger las piezas de esta colección, hay una amplia gama de materiales específicos, como álbumes, bandejas y hojas de diferentes tipos, maletines, armarios, cómodas. Se trata de evitar que las placas se chafen o se rocen, pues es un material frágil. Por lo demás, hay que señalar,  que este coleccionismo es conocido como placomusofilia.
Además de las publicaciones que hemos citado anteriormente, en el ámbito internacional también se pueden encontrar muchas publicaciones sobre el tema. En Francia se edita cada dos años un "Répertoire des plaques de Muselets du Champagne" y un "Répertoire des plaques de Muselets de Vins Mousseus Français"; en Italia, el "Catalogo delle Capsule Italiane di Spumanti e Vini Frizzanti", etc.
La próxima vez que descorchéis una botella de cava, antes de hacer chin-chín no os olvidéis de mirar la placa metálica.

martes, 24 de abril de 2012

Una colección de gorras de ciclismo


Protegen del sol, del viento y de la lluvia,
y lucen enormemente
Miguel Angel Fraile Maldonado, nacido en Ciudad Rodrigo, que vive ahora en Laguna de Duero, es un gran aficionado al mundo del ciclismo. Ya tuvimos ocasión de admirar en Procoleccionismo su colección de maillots de ciclismo y, en este comentario, nos referiremos a su colección de gorras dedicadas a ese deporte. Nos cuenta Miguel Angel que empezó con esta colección hace ya bastantes años y, uno de los motivos que le decidieron a hacerla, fue porque era una buena manera de recordar a los distintos equipos ciclistas con los que había tenido alguna vinculación. En la actualidad tiene más de 200 piezas y, para conseguirlas, prácticamente no ha tenido que comprar ninguna, porque son regalos de personas relacionadas con el ciclismo. Este tipo de gorras empezaron a usarse en Europa a principios del siglo XIX. Recordemos que se le da el nombre de gorra a la prenda de vestir que cubre la cabeza y que se caracteriza por presentar simplemente una corona, que es la estructura curva adaptada al cráneo, pero no lleva alas alrededor. Las gorras pueden llevar o no llevar visera, dependiendo del uso que se les va a dar. Al principio las gorras se adaptaron al uniforme de trabajo de algunos profesionales no muy cualificados y también pasaron a formar parte de la indumentaria de obreros industriales. Eran las clásicas gorras de tejido con un botón central. Entre las personalidades que las adoptaron, que fueron muchas tanto reales  como de ficción, recordemos al célebre detective Scherlock Holmes, que hizo famosa su gorra de tweed con visera, aunque en su caso también llevaba una pieza por detrás para cubrir la nuca. Posteriormente, las gorras pasaron a ser usadas en muchas disciplinas deportivas porque resultan muy útiles para protegerse del sol, de la lluvia o incluso del viento, al mismo tiempo que impiden que los cabellos se muevan y molesten mientras se hace ejercicio. Se han fabricado en diferentes tipo de tejido, en cuero o en material sintético. Entre los deportes que más la han adoptado, podemos mencionar el béisbol, el tenis, el crocket, automovilismo, deportes náuticos, etc. Para los ciclistas la gorra ha sido una pieza de su indumentaria casi imprescindible, aunque muchas veces se la ponían al revés, es decir, con la visera hacia atrás, con el fin de proteger su nuca del sol. Algunos ciclistas también las consideran muy útiles para evitar que el sudor caiga por la frente.
Durante muchos años, hasta que fue obligatorio el uso del casco, los ciclistas las lucían en las competiciones ciclistas, pero ahora se ha reducido su utilización solamente al momento en que los ganadores suben al podium o cuando ya han terminado la carrera. Y en estas ocasiones, más que a un fin práctico para el ciclista, su objetivo es el de lucir la publicidad del equipo al que pertenecen. En realidad, todos estos aspectos relacionados con la publicidad suelen estar muy reglamentados en todos los países y, habitualmente, en la gorra se permiten cuatro inscripciones, una en cada lateral, otra delante y la cuarta detrás. Y, también llevan una quinta sobre la visera. Allí es donde suelen lucirse los nombres de las empresas patrocinadoras, sus logos, etc.
Recordemos que la UCL estableció la obligatoriedad del uso del casco en las competiciones ciclistas el 5 de Mayo de 2003. El Tour de Francia de ese año fue el primero en tener que respetar dicha norma, aunque al principio los corredores se los quitaban en las ascensiones. Fue en el 2005 cuando se les obligó a llevarlo durante toda la carrera. En España, en el año 2004, se fijó que tenían que utilizarlo todos los usuarios que circularan por vías interubanas.
Con todas estas disposiciones podría parecer que las gorras de ciclismo (casquettes en francés) tienen ya los días contados, pero la verdad es que gozan de muy buena salud, porque es una prenda atractiva, que cuesta poco dinero y da un toque de informalidad a cualquier atuendo, lo que gusta a todos. Cuando los deportistas de competición no pueden usarlas por motivos de seguridad, siempre está el público que acude a las manifestaciones deportivas quienes las llevan.
Miguel Angel de momento las guarda en su casa, aunque le encantaría poder exhibirlas en algún lugar. De momento, todos las podemos disfrutar en su web donde además de ver los maillots y gorras de la colección, podemos ver en qué competiciones ha participado, qué bicicletas ha utilizado, los viajes por Europa que ha hecho con sus bicis y muchas cosas más.






miércoles, 18 de abril de 2012

Lote nº 82 de imágenes de casas construídas sobre la vía pública o pasajes


Foto nº 488: Monistrol (Barcelona). Pilar Vidal

Foto nº 489: Barcelona. Antoni Palmarola

Foto nº 490: La Pobla de Segur (Lleida). Jordi Goñi

Foto nº 491: Casola (Italia). Valeria Martini
Foto nº 492: Barcelona. Pilar Vidal

Foto nº 493: Gragnola (Italia). Valeria Martini

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miércoles, 11 de abril de 2012

Una colección de naipes


No eches las cartas ¡guárdalas!
En el año 1962 Juan Carlos Ruiz, cuando tenía sólo 15 años de edad, empezó a trabajar en la famosa empresa de naipes de Heraclio Fournier de Vitoria y, desde el mismo año, comenzó a coleccionar barajas. Eso sí, al principio se tomaba la colección con calma. Trabajar en esa empresa, le dio la oportunidad de conocer de cerca un tema que le pareció siempre muy entretenido e interesante. Considera que ha sido una persona privilegiada, por haber podido trabajar profesionalmente en algo a lo que también ha dedicado su tiempo libre: los naipes. Actualmente, está contento y orgulloso de que, gracias a esta afición, y con mucha dedicación y mucho esfuerzo, ha podido hacer realidad lo que es un sueño para casi todos los coleccionistas: dedicar un museo a su colección. Este museo que se inauguró hace diez años, concretamente en el 2002, se encuentra en la bonita ciudad de Oropesa de Mar, en la provincia de Castellón, y es uno de los sólo ocho museos dedicados a este tema que se encuentran repartidos por el mundo, y el único privado, pues pertenece a Juan Carlos y a su esposa. Pero antes de ofrecer más información sobre todo lo que se puede contemplar en el museo, hablaremos de cómo y cuándo empezó la colección, y de la naturaleza del objeto que se colecciona, los naipes.
La historia de los naipes es muy curiosa, con una trayectoria de siglos. Hay que decir que son conocidos universalmente y que se atribuye su invención a los chinos, sosteniendo este argumento por el hecho de que fue allí donde se inventó el papel en el siglo I, en Europa se empezó a fabricar 1000 años más tarde. Las primeras referencias documentadas datan del siglo XIV, y podemos recordar entre ellas la mención que el poeta Jaume March hizo en el "Diccionario de la Rima", del año 1371, donde aparece por primera vez el nombre "naip". En el Museo Británico hay un manuscrito de 1377, de un monje alemán, que menciona el juego de cartas como útil para enseñar, es decir, que se recomendaba usarlos para fines pedagógicos. Pero parece ser que no se debieron emplear sólo con fines didácticos, porque en Barcelona, el año 1382, se publicaron unas Ordenanzas que se encuentran actualmente en el Archivo Histórico de la ciudad, en las que se prohibía el empleo de los juegos de azar "no gos jugar a nengun joch de daus, ni de taules, ni de naips". En Valencia, dos años más tarde, en 1384, el Consejo General de la ciudad también tuvo que prohibir "el novel joch apellat dels naips". De la internacionalización del juego nos da idea una crónica aparecida en Viterbo (Italia), en el año 1379, que trata del "Giocco della Carta" y una referencia a un manuscrito de la notaria de Laurent Aycardi de Marsella (Francia) del año 1381.
Lo que es seguro, por lo que respecta a la recomendación de jugar o no jugar a las cartas, es que, los naipoes, como casi todas las cosas en la vida, no son buenos ni malos, todo depende del uso que de ellos se hace.
Nos cuenta Juan Carlos que el valor de una baraja no solamente radica en su antigüedad, o en su estado, o en su rareza, o en el número de unidades que existen, para él las barajas más apreciadas son las que de alguna manera más le ha costado conseguir, y no se refiere a dinero, o aquellas que significan algo especial para él. Por poner un ejemplo, una de las que considera más valiosas es la que recbió como regalo de los presos de la cárcel de Castellón. Ocurrió que, en una visita que realizaron al Museo del Naipe, le comentaron que tenían prohibido jugar a las cartas, entonces Juan Carlos hizo algunas gestiones con un senador para que se les levantara esa prohibición. Cuando consiguieron poder jugar con barajas normales, los presos tuvieron el detalle de ofrecerle para el Museo la última baraja clandestina, fabricada por ellos mismo. La habían hecho con las tarjetas de plástico usadas para llamar desde las cabinas de teléfono.
El museo cuenta actualmente con unas 15.000 barajas de todas las épocas y de todos los países, citemos, por ejemplo, Nueva Zelanda, Tahití, egipto, Tailandia, Camboya, Vietnam, Irán, Siria, Turquía, Arabia, Marruecos, Argelia, Isla Mauricio, Estados Unidos, Japón, China, India, Países sudamericanos, Europa, etc. Como curiosidad podemos mencionar que hace pocos meses consiguió 6 cartas fechadas en 1556 en Toledo. También está depositada en el Museo la baraja más grande del mundo, que pesa 14 kgs y mide casi un metro. De todos modos, Juan Carlos nos confiesa que sus barajas favoritas cambian cada mes, pues son las últimas que ha conseguido. También le dan mucha satisfacción aquellas que recibe de personas que visitan el Museo y se han quedado gratamente sorprendidas por lo que allí han descubierto, entonces quieren contribuir con piezas que tienen en su casa y, algunas de ellas, son verdaderas reliquias.
El coleccionismo de naipes no está muy extendido, aunque día a día va ganando adeptos. Muchos de ellos gracias al Museo, que se renueva constantemente, pues además de las nuevas adquisiciones que van enriqueciendo la colección, cada mes se cambia alrededor de un 40% de los naipes expuestos, así es que siempre se ven cosas diferentes. También cuenta con una web "Museo del naipe", que os aconsejamos visitar. Y una web "naipe.coleccion.com" donde se ofrece información y barajas.
No podemos dejar este tema sin referirnos a algunos aspectos técnicos de la fabricación de los naipes. Primero se decoraban recurriendo al buen oficio de artistas pintores, hasta que en el siglo XV se industrializó su fabricación mediante la impresión xilográfica, técnica que consistía en imprimir mediante moldes de madera de boj o peral, grabados en alto relieve. Los colores se aplicaban por dos procedimientos: Morisca o Trepas. En 1832 Thomas de la Rue inventó en Londres un nuevo sistema de impresión llamado litografía, que sustituyó a la xilografía y, actualmente, la plancha de zinc y aluminio ha sustituido, a su vez, a la litografía.
Y una última curiosidad. Parece ser que los populares palos de la baraja española, Oros, Copas, Espadas y Bastos, que siempre se enumeran por este orden, representan los cuatro estamentos que componían la sociedad: la nobleza, el clero, la caballería y el grupo de los artesanos y campesinos. Y es que, ya lo decíamos, con las cartas se pueden aprender muchas cosas.