miércoles, 20 de julio de 2011

Una colección de trípticos de restaurantes orientales






Exotismo

gastronómico





Jordi Boladeras y Anna Pasans son dos coleccionistas de Sant Fruitós de Bages (Barcelona) que hacen varias colecciones, todas muy originales, como etiquetas triangulares de quesitos, barras de pegamento sólido y cartas perfumadas. Esperamos poder presentaros todas ellas en Procoleccionismo pero, en esta ocasión, vamos a comentaros su colección de trípticos de restaurantes orientales. Nos referimos a los folletos que muchos restaurantes ofrecen en el exterior del local, con los que se invita al público a consultar los platos y los precios que encontrarán en el interior del establecimiento. O, también, pueden llevarse el tríptico y pedir que se les sirva la comida a domicilio.

Jordi y Anna decidieron dedicarse a recolectar trípticos de restaurantes orientales porque les hacía ilusión hacer una colección los dos juntos y, como les encanta la comida oriental, pensaron que sería interesante elegir algo relacionado con el tema. La empezaron hace unos cinco años, cuando todavía eran novios y salían bastante los fines de semana. Ahora las cosas han cambiado un poco, porque tienen un bebé que todavía no está en condiciones de degustar la comida oriental, pero seguro que un día también se aficionará y formarán un buen equipo para buscar nuevas piezas y aumentar la colección.

Aunque esta colección tiene bastantes atractivos, hay que reconocer que el primer aliciente que presenta es el simple hecho de encontrar un nuevo ejemplar, ya que la oferta de trípticos es limitada, pues no surgen nuevos restaurantes orientales en una ciudad cada semana. Dejando aparte la dificultad en conseguirlos, hay otros aspectos que les interesa en ellos. Por ejemplo, el hecho de tener varios ejemplares del mismo restaurante a lo largo de varios años, permite apreciar los cambios en el diseño del folleto y de las nuevas propuestas que se ofrecen en los menús, con lo que los restaurantes intentan adaptarse a las nuevas tendencias gastronómicas y a la economía de mercado. Por cierto, que por lo que se refiere al aspecto exterior del tríptico, nuestros coleccionistas han constatado una evolución hacia modelos más coloridos, donde cada vez se cuida más el diseño para que resulten más atractivos. Incluso se observa que en muchos de ellos se ha optado por poner la foto del restaurante.
Correspondiendo a cada nacionalidad, los restaurantes suelen recurrir a una serie de nombres muy evocadores dentro de cada cultura para darle nombre a su establecimiento, así encontramos que en casi todas las ciudades no falta un restaurante llamado "Muralla China", "Hong-Kong", "Taj Mahal", etc. Pero el exotismo no se reduce al nombre del local, sino que lo verdaderamente fundamental es el recorrido por los platos propuestos. Deletreándolos (chop-suey, sopa de aleta de tiburón, de nido de golondrina, sushi, shasimi, tempura, etc.) evocamos culturas lejanas, que nos traen al paladar una sofisticación y una manera de hacer legendarias.

Para conseguir nuevas piezas para la colección, Jordi y Anna utilizan el sistema habitual: por un lado están los que encuentran ellos personalmente recorriendo las ciudades a donde viajan y, por otro lado, lo que consiguien gracias a amigos y a otros coleccionistas que se preocupan de hacerles llegar los que ellos encuentran en su camino.

De esta manera han llegado a tener una buena representación, pues ya cuentan con unos 750 ejemplares. El más antiguo es uno en el que todavía figuran los precios en pesetas. Este lo consiguieron gracias a que alguien lo descubrió en un cajón de su casa y se lo dio. Los más abundantes en su colección son los de restaurantes chinos y japoneses, aunque también tienen alguno de comida de otros países como restaurantes indios, de Nepal, Vietnam. Por lo que respecta a la ubicación de los restaurantes la mayoría están situados en Cataluña (que es por donde "actúan" nuestros coleccionistas), aunque también tienen bastantes de España y del extranjero gracias a los que les envían algunos amigos.

Los ejemplares de la colección los tienen catalogados por orden alfabético y los guardan en fundas DIN-4 de dos o tres compartimentos.


Recordemos que los primeros restaurantes que se popularizaron por Europa fueron los chinos (esta denominación comprende, evidentemente, los que ofrecen cocina cantonesa, pequinesa, de Shangai y muchas otras especialidades locales). Actualmente en España parece que están de moda los japoneses, aunque no faltan los indonesios, hindús, tailandeses, etc. De todos ellos, o de casi todos, nos pueden informar Anna y Jordi gracias a sus trípticos: dónde están los restaurantes, qué se puede comer, a qué precio, etc. De todos modos, y como todavía no los tienen todos, si queréis ayudarles a incrementar su colección, podéis enviarles los que encontréis por vuestras ciudades. Ellos os lo agradecerán y, con un poco de suerte, incluso podrán ofreceros a cambio piezas para vuestras colecciones. Como no tienen web ni blog sobre su colección, podéis contactar con ellos en esta dirección: j_boladeras@yahoo.es



miércoles, 13 de julio de 2011

Lote nº 70 de imágenes de casas construídas sobre la vía pública o pasajes

Foto nº 415: La Puebla de Castro (Huesca). Mari Carmen Carrera




Foto nº 416: Collonges la Rouge (Francia). Celedonio García


Foto nº 417: Nerpio (Albacete). Angel Pérez Avellaneda



Foto nº 418: Tembleque (Toledo). Angel Pérez Avellaneda





Foto nº 419: La Puebla de Castro (Huesca). Mari Carmen Carrera









Foto nº 420: Barbastro (Huesca). Mari Carmen Carrera




Si queréis enviarnos alguna foto, podéis hacerlo a:


¡Gracias!




miércoles, 6 de julio de 2011

Una colección de envoltorios de chocolate








CHOCO con dos trenes

LATE mi corazón

¿qué es?
..
..









Se empieza a coleccionar algo por muy variadas razones, pero hay que reconocer que la que tuvo Miguel Sánchez para coleccionar envoltorios de chocolate es bien curiosa. Se encontró la colección ya "hecha y derecha" en un mercadillo de antigüedades. A Miguel, coleccionista de etiquetas de fruta, en un primer momento le llamó la atención el diseño de los envoltorios que lucían llamativos en un álbum abierto. Se los estuvo mirando y, cuando ya se marchaba, la vendedora le puso la tentación en el oído: "60 euros por todo". Miguel no se dio por aludido y siguió su camino (o quiso seguirlo), porque ese no era el tema de su colección, pero de repente se encontró pensando en el coleccionista desconocido que había conseguido reunir aquellos envoltorios y, también por unos segundos, vio su colección de etiquetas de fruta expuesta en la calle e ignorada por todos... así es que no lo pudo evitar, se puso sentimental... ¡que triste es no tener a nadie a quien encomendarle la colección a la que has dedicado tanto tiempo y energías! Melancolías aparte, tomó una decisión: volvió al tenderete donde estaban los envoltorios y los compró. Por otra parte, como cuando era joven había trabajado durante algunos años en una tienda de comestibles que tenían sus padres en Barcelona, muchas de aquellas marcas de chocolate las conocía y le parecían algo familiar, como si fuera algo que ya le pertenecía desde hacía tiempo.
Una vez en su casa, pudo examinar con atención aquellos envoltorios y disfrutar y descubrir con calma todas aquellas imágenes y mensajes estampados en su superficie, cuyo único fin era, hacer más atractivo algo que siempre lo ha sido: el chocolate. Aunque no hay que olvidar que, además de ofrecer información sobre el producto que contienen, los envoltorios tienen como objetivo proteger el artículo lo mejor posible de los elementos externos y del paso del tiempo.
No es cuestión de empezar a explicar aquí qué es el chocolate y cuándo empezó a consumirse, etc., pero querríamos recordar cuándo se inció la fabricación y comercialización del mismo como alimento sólido. Advertimos, de todos modos, que no es tarea fácil querer establecer una cronología de este proceso, pues pueblos y ciudades de España y del extranjero se disputan con pasión el haber sido los primeros en hacerlo.

Digamos, que lo que parece probado es que el primer chocolate sólido se presentó en barras y después pasó a fabricarse en tabletas, y no incluimos en esta cronología el chocolate en polvo, claro está. Se estima que fue François-Louis Cailler quien fabricó artesalmente por primera vez el chocolate en barra en Vevey (Suiza) en 1819, aunque no falta quien asegura que fue el italiano Doret el pionero en solidificar el chocolate para obtener una tableta, lo que llevó a cabo en Turín (Italia). En 1824 fue el farmaceútico Antoine Brutus Meunier quien fabricó el primer chocolate industrial en Noisiel-sur-Marne. Y, también se da por cierto que fue la firma Fry & Sons (hijos de Joseph Storrs Fry, que ya había tenido la iniciativa de fabricar pasta de chocolate) quien comercializó por primera vez el chocolate en tabletas en Inglaterra, en el año 1849, con el nombre de "Chocolat Dèlicieux à manger". En 1875 Daniel Peter Tobler, perfeccionó el primer chocolate con leche, lo que consiguió añadiendo leche en polvo al cacao, valiéndose de un método de condensación de la leche que había ideado Henry Nestlé, con el que se asoció.
En fín, en este recorrido geográfico con tantos nombres y fechas, lo que sí es cierto que los nombres de aquellos pioneros que se dedicaron a la fabricación de chocolate, son todavía actualidad en nuestros tiempos, Nestlé, Suchard, Lindt, Kohler, Tobler, etc. en muchos casos gracias a que fueron los fundadores de auténticas dinastías, que han perdurado vinculadas al chocolate hasta nuestro días, a través de sucesivas generaciones.

En España, a principios del siglo XIX, numerosas pequeñas empresas familiares producían pastillas (onzas de chocolate) para consumo local o regional. Poco a poco se pasó a la producción industrial, con algunas marcas como Chocolates López, de Lugo, que empezó a hacerlo en 1825; Chocolate Elgorriaga o Nogueroles (en 1843); Santiveri (1885); Chocolate Valor, Lacasa y tantas otras.
Desde el primer momento ya algunas marcas optaron por "personalizar" el papel del envase de envolver el chocolate, de manera que fuera fácil la identificación del producto que fabricaban. La marca suiza más antigua, Cailler, que inventó la presentación del chocolate en forma de tabletas de 6 barras semi-cilíndricas, utilizaba el color amarillo para el papel de los envoltorios; Philip Suchard eligió el color malva; Jean Neuhaus popularizó el célebre elefante...

Cuando Miguel consiguió la colección, advirtió que estaba sin clasificar, los envoltorios no llevaban numeración, ni fechas, ni orden alguno. Ahora él, con la experiencia que tiene como coleccionista de etiquetas de fruta, la ha ordenado con el mismo criterio que organiza sus etiquetas: primero clasifica los envoltorios por marcas y, dentro de ellas, los ordena cronológicamdente, a partir del más antiguo hasta el más moderno, lo que le permite ver la evolución de la marca. También descubrió que el envoltorio más antiguo data de 1922 y el más moderno es del 2009.

Observando mejor su adquisición, y en plan Sherlock Holmes, Miguel también se dio cuenta de que la colección de envoltorios había pertenecido a tres coleccionistas distintos. De ellos, parecía evidente que el primero había sido el que le había dedicado más tiempo y atención a la colección, pues fue el más meticuloso a la hora de presentar las piezas. Parece ser que el segundo coleccionista la tuvo poco tiempo y el tercero ya se relajó un poco más en cuanto al soporte donde pegaba los envoltorios, etc.
La mayoría de los envoltorios corresponden a chocolates españoles. También hay bastantes de la marca Lindt, que fueron los primeros que introdujeron en España envoltorios de chocolate con la tipografía en otros idiomas. Miguel lo recuerda bien porque era cuando él estaba trabajando en la tienda de sus padres le llamaba la atención, a principios de los 80, ver escritos diferentes idiomas en la etiqueta de un producto.
Aunque de momento no tiene mucho tiempo para dedicar a esta colección, Miguel piensa que es muy bonita y curiosa y que hay piezas muy interesantes. En su web, dedicada a las etiquetas de fruta, hay una sección llamada "Cajón de sastre" donde presenta esta colección, en el apartado "Chocolate".



Para terminar, le hemos preguntado a Miguel sobre sus piezas favoritas, y nos dice que cada una de ellas tiene su encanto y le gustan todas, aunque una de las que más le llama la atención es el envoltorio de Chocolín, con el loro (que mostramos al inicio del comentario) .

Una colección que, además de bonita, nos hace la boca agua...

























..

miércoles, 29 de junio de 2011

Una colección de sobres de azúcar



Con un poco de azúcar...














Manuel Jesús colecciona sobres de azúcar desde el año 1995, aunque no fue hasta el 2000 cuando empezó a dedicarse más en serio a ella. La razón que le empujó a hacer este colección fue la siguiente: resulta que, por motivos profesionales, comía muchas veces fuera de su casa, y pensó que si se guardarba los sobres de azúcar (muchas veces con el nombre del restaurante y la dirección) le ayudarían a recordar los lugares donde había estado. Y, otra buena razón que le ayudó a decidirse a hacer esta colección, es que resulta barata. Actualmente tiene unos 10.000 azucarillos de todo el mundo, y lo que más aprecia en ellos es su diseño.
Ya sabemos todos qué es el azúcar pero, lo que quizás no conocemos tan bien, es desde cuándo se utilizan los envases individuales que hoy día se ofrecen en los establecimientos de hostelería. Porque, aunque actualmente nos parece lo más normal que te sirvan el café con el sobre de azúcar al lado, esto es un invento bastante moderno.
Y es que, no hace tantos años (40 ó 50), en las cafeterías y bares te ofrecían un azucarero "normal" junto a las bebidas que requerían azúcar. Más tarde se fue perfeccionando el servicio y, por cuestión de higiene, se solía poner un azucarero con dosificador. También se ofrecían terrones, que se servían en un azucarero o directamente al lado de cada taza. En la actualidad, raro es el lugar donde no se acompañen el café y las infusiones con un sobre de azúcar.

Por cierto, hay que señalar que antes se conocían con el nombre de cortadillos o cuadradillos los prismas rectangulares de azúcar granulado, para los que actualmente se utiliza el término "terrón". Por otra parte, la denominación "azucarillo", que ahora es el nombre que se le da en muchos lugares a los sobres de azúcar individuales, también tenía antiguamente otro significado, pues con ese término se hacía referencia a una masa seca, hecha con almibar y clara de huevo, que servía para endulzar el agua o para tomarse como golosina.
Se atribuye al francés Eugène François, que tenía una tienda de ultramarinos, la invención de la primera máquina de hacer terrones, en el año 1854. Hasta esa fecha el azúcar llegaba a las tiendas en forma de torta y se tenía que partir en trozos pequeños, de una forma muy rudimentaria, para servirlo a los clientes. Por supuesto, los trozos que resultaban de esa partición eran irregulares. Eugéne François, fue perfeccionando el sistema de fragmentación consiguiendo fabricar artesanalmente terrones bastante regulares. Desde el año 1908 a 1918 la sociedad ASEPT comercializó un tipo de azúcar envasado y en el año 1928, Eusebio Constante Fuentes, de Hendaya, presentó en Francia dos modelos distintos para el embalaje individual del azúcar, que fabricó en dicha localidad la empresa "Manufacture Hygiénique de Sucre en Etui". En 1931 fue una sociedad de Estrasburgo quien puso en el mercado otro tipo de embalaje, que todavía sigue utilizándose en Alemania, Australia, Austria, Thailandia o Rusia. Se trataba de terrones que se rodeaban de una banda de papel y después se envolvía a su vez en un papel protector.

Fue en el año 1949 cuando Louis Chambon inventó un nuevo sistema para obtener terrores. En ese caso no se trataba de cortar una pieza sólida, sino de conglomerar el azúcar en polvo en trozos, sistema que se sigue utilizando en la actualidad. La presentación de saquitos individuales de azúcar suelta, comenzó a difundirse a partir de la 2ª Guerra Mundial. Actualmente, no obstante, el consumo de terrones sigue estando muy difundido en algunos países como Francia, mientras que en otros lugares se ha optado preferentemente por el sistema de sobres con el azúcar suelto, como es el caso de USA, Italia, Japón, entre otros y, por supuesto, España.

Desde un primer momento, se aprovechó la superficie de los pequeños sobres para transmitir algun mensaje comercial. Se empezó haciendo publicidad de las propias azucareras, pasando después a inserir anuncios de las torrefactoras, restaurantes, así como de promociones turísticas, eventos deportivos, etc. También lucen motivos que brindan, simplemente, una distracción, ya sean series de artistas, de monumentos, etc. o frases célebres, chistes y una infinidad de temas.
Este tipo de coleccionismo se denomina en español Glucofilia, nombre compuesto a partir de los términos glucos (azúcar) y filia (afición). En francés se llama Glycophilie, en italiano Glicofilia, etc.

Manuel Jesús tiene una estupenda web "Mis azucarillos"en la que muestra su colección. Además de un inventario detallado donde aparecen todos sus ejemplares por orden de catalogación, la colección se presenta dividida en varias secciones, para facilitar su consulta. Así, encontramos los apartados: Frases célebres, Arte y Cultura, Deportes, Diseño, Personajes Célebres, Navidad, Naturaleza, Transporte, Large teck. Café, Series Personales, Varios y Lugares. Cuenta también con una lista de enlaces a las páginas de otros coleccionistas.
Manuel Jesús guarda algunos sobres en unas fundas especiales que compra y otros los clasifica en unas hojas que él mismo diseña.

Para conseguir nuevas piezas para la colección, cuenta con una red de amigos y familiares que se acuerdan siempre de traerle algun ejemplar cuando van de viaje. También recurre al intercambio con otros coleccionistas, ya que está en contacto con bastantes de ellos.

Todos sus azucarillos son especiales para él, pero si tuviera que resaltar alguno quizá mencionaría una serie especial que editó la revista "el Jueves" y que le trae muy buenos recuerdos, porque hubo una época en la que leía bastante esa revista.
Los sobres los guarda vacíos pues dicen que el azúcar se estropea.


Y, excepcionalmente, además de la colección de Manuel Jesús comentaremos también, brevemente, la de Graciela Carballo. Ella nos la había dado a conocer hace un tiempo pero, por motivos "técnicos", no disponemos de fotografías. Así, pues, con las imágenes de la colección de Manuel Jesús (salvo la foto de la coleccionista) pasamos a presentaros a Graciela.
Ella es una coleccionista argentina. Empezó a coleccionar sobres de azúcar hace más de 35 años, aunque hubo un período de su vida, cuando sus tres hijos eran pequeños, en el que no pudo dedicar mucha atención a la colección. En realidad, al principio se limitaba a almacenar los sobres que le gustaban, pero cuando advirtió que ya tenía una buena cantidad, empezó a clasificarlos. Se decidió por los sobres de azúcar porque le llamaban mucho la atención las imágenes que suelen llevar impresas. Además de eso, a Graciela le gusta constatar la diversidad de temas que lucen. Admira especialmente los que se hacen en Europa, donde se emiten series muy variadas. En Argentina suelen ser más frecuentes los nominativos, con nombres de cafeterías, fraccionadoras o simplemente publicidad.

Actualmente Graciela tiene 6620 sobrecitos de 57 países de los cinco continentes. El manejar una cantidad así de importante, implica tener que organizarse bien. Cuando comenzó los guardaba simplemente en cajas, pero después consiguió folios porta-tarjetas personales donde quedan muy bien y lucen mucho más.

Los tiene catalogados en carpetas separadas por continentes y dentro de cada continente se encuentran los países por orden alfabético. Dentro de esta clasificación aún los subdivide por temas (flores, autos reproducciones de cuadros, etc.).

Aunque le gustan todas sus piezas hay algún ejemplar con un valor sentimental añadido. Este es el caso de dos sobres que tiene de Polonia. Se los trajo una señora que había sido amiga de infancia de Juan Pablo II, y que viajó a su tierra para participar en la primera misa que Su Santidad celebró en Cracovia cuando fue elegido Papa.

Para incrementar la colección cuenta con su familia, amigos y compañeros de la asociación Amigos Coleccionistas de La Plata, a la que pertenece desde sus comienzos. Se trata de un grupo de coleccionistas muy dinámicos que no se dedican sólo a hablar de sus colecciones entre ellos, sino que participan y organizan muchos eventos con el fin de promocionar el coleccionismo y colaborar en proyectos solidarios. En la colección de Graciela los países más representadas son, además de Argentina, España, Italia, Francia y Portugal, en este orden.





miércoles, 22 de junio de 2011

Lote nº 69 de imágenes de casas construídas sobre la vía pública o pasajes

Foto nº 409: Tembleque (Toledo). Angel Pérez Avellaneda



Foto nº 410: La Puebla de Castro (Huesca). Mari Carmen Carrera



Foto nº 411: Collonges la Rouge (Francia). Celedonio García






Foto nº 412: Martel (Francia). Celedonio García



Foto nº 413: Abizanda (Huesca). Jesús Cardiel





Foto nº 414: Collonges la Rouge (Francia). Celedonio García








Si queréis enviarnos alguna foto podéis hacerlo a:



¡Gracias!






miércoles, 15 de junio de 2011

Una colección de "faves"




¡SORPRESA!

.. --..
..






Cinta Mir Pla es una coleccionista catalana que colecciona las habas y figuritas que se encuentran dentro de algunos pasteles. Para ser más exactos, los dulces en los que se esconden estas sorpresas suelen ser roscos o roscones, que en Cataluña se llaman "tortells". Como la tradición más extendida es la de tomarlos el día de la Epifanía, 6 de enero (aunque también existen otras festividades en las que se comen), se conocen como "tortells de Reis". Antiguamente se solía colocar solamente un haba, pero ahora, en muchos lugares, se acostumbra a poner en el rosco además del haba (que antes era una de verdad, seca, pero ahora suele ser de porcelana) la figurita de un rey. El que encuentra el haba tiene que pagar el "tortell" y el que encuentra la figura del rey es coronado rey, y se tiene que adornar con una corona de cartón dorada que ofrecen en las pastelerías al comprar el rosco.

La tradición del rosco de Reyes está muy extendida en muchos lugares de España, aunque parece que tiene su origen en Francia. La popular "galette des rois" que se come en Francia, Bélgica y Suiza, acompañada del haba escondida dentro del dulce, se remonta al siglo XIV, aunque el hecho de añadir una figurita de porcelana, se considera que es una costumbre que comenzó a popularizarse en el siglo XIX. Habitualmente se da por cierto que las primeras figuritas de porcelana para roscones se produjeron en Alemania en 1874. Esta tradición de los roscos con las faves sorpresa es tan propular en Francia que hay muchas anécdotas y referencias históricas sobre el tema. Se cuenta, por ejemplo, la protagonizada por el monarca francés Luis XIV, cuando, siendo todavía niño e imaginando que él iba a encontrar el haba, dijo "Seré dos veces rey".
Además de los roscos de reyes también se comen roscos con figurita escondida en otras fiestas, como la de San Antonio (17 de enero) y San Cristobal (10 de julio), y en esas
ocasiones se suelen utilizar figuras más acordes con la festividad que se celebra, como animales (San Antón es su patrón) o coches u otros vehículos (el día de San Cristobal, patrón de los conductores).

Cinta empezó con esta colección hace unos cuatro o cinco años, aproximadamente. Nos explica que, como en su familia siempre había algún niño pequeño, cuando se reunían para comer el tortell o rosco de Reyes lo normal era que la figura de regalo se la quedara el niño, lo que significaba que acababa perdiéndose. Después, al hacerse mayores los niños de la familia, ya no había destinatario obligado para la figurita y entonces lo normal era que se la quedara el que la encontraba, que no siempre estaba entusiasmado por el hallazgo y muchas veces acababa dejándolo, más o menos disimuladamente, encima de la mesa. Eso suponía que las figuritas acabaran por algún cajón, porque son cosas que habitualmente nadie piensa en tirar. Un día Cinta, cuando ya pertenecía a la Asociación de Coleccionistas de Corbera de Llobregat, hablando con su presidente le comentó que tenía unas cuantas figuritas guardadas y él le animó a empezar a coleccionarlas. Ahora ya ha conseguido reunir una buena cantidad.




Tiene de varios paises europeos principalmente de Francia, y también cuenta con una buena representación de Méjico y Argentina. El material en el que están hechas es muy variado, pues las hay de porcelana, pero también de plástico y resina. Habitualmente se les da el nombre de habas o faves (en catalán) a todas ellas, independientemente de la figura que representen.
Para el rosco de Reyes, además de las que ya hemos mencionado, con forma de Reyes Magos, es muy común encontrar también las figuras del Belén, aunque las hay además con todo tipo de formas: corazones, muñecas y demás juguetes, hasta últimamente se encuentran figuritas de dibujos animados infantiles.

Cinta sabe que existen coleccionistas de faves pero todavía no ha podido contactar con ninguno, pero le encantaría hacerlo para poder intercambiar las piezas repetidas. Estamos seguros que no tardará en conocer alguno porque los coleccionistas de faves son bastante populares en muchos países. Por cierto, que el nombre que se les da es el de fabófilos.

Nuestra coleccionista guarda todo su tesoro en una estantería hecha especialmente para tan diminutos personajes. Esa es otra de las ventajas de esta colección, además de original y barata ocupa poco espacio.

Y terminamos con una estrofa de una canción infantil francesa, que pone el ambiente adecuado a esta colección:

"La galette est préparée, cuite à point et bien dorée/Près de la table dressée les enfants son là/Qui sera la reine?/Qui sera le roi?/Est-ce toi?/Est-ce moi?/La galette est partagée, les convives désignés/Mais la fève est bien cachée!/ Qui la trouvera??






domingo, 12 de junio de 2011

¡GRACIAS!




En Procoleccionismo hemos llegado a las 300.000 visitas. Hasta este momento os hemos presentado más de 130 colecciones diferentes y, a partir de ahora, confiamos en seguir interesándoos con otras muchas, porque nos gustaría seguir contando con vuestra compañía.



¡MIL GRACIAS POR ESTAR AHÍ!