Foto nº 283: Hondarribia (Guipúzcoa). Carmelo Sacristán
Foto nº 286: Iniesta (Cuenca). Angel Pérez Avellaneda
Foto nº 287: Villanueva de la Jara (Cuenca). Angel Pérez Avellaneda
Foto nº 286: Iniesta (Cuenca). Angel Pérez Avellaneda
Foto nº 287: Villanueva de la Jara (Cuenca). Angel Pérez Avellaneda




egundo padre, no sabemos si será por el tiempo que ha pasado en su compañía, pues se ha visto sus películas varias veces.
e el séptimo arte siguió las pautas del arte escénico. Si las primeras salas de exhibición de películas fueron en las salas de los teatros, donde convivieron por mucho tiempo artistas del celuloide y los de carne y hueso, posteriormente, cuando se construyeron expresamente los locales de cine, se reprodujeron formas y modos asentados en el teatro, como la estructura del local con sus palcos y butacas, los pesados cortinajes para ocultar la pantalla de cine, etc. Los programas de mano eran una versión de los programas de mano que se ofrecían en el teatro o en la ópera, aunque no daban cuenta de lo que se iba a ver en aquella sesión, sino en la siguiente.
que también existían los dobles, como el que mostramos de "Vinieron las lluvias". 


ue podía de esa serie y de otras como "Hazañas Bélicas", "El Jabato", "El Capitán Trueno", "Roberto Alcazar y Pedrín" y todos los que se publicaban.
tebeos no sería lo que más les iba a gustar a ellas (aunque nunca se sabe), así es que empezó a comprar y guardar tebeos de niñas. Actualmente tiene más de 3.800 ejemplares de tebeos de chico, además de ediciones facsímiles. De tebeos de niña "sueltos" cuenta con más de 100 números. De "Sissi" y "Sissi juvenil" también tiene más de cién y otros tantos del Dúo Dinámico, además de otras series.
erdo con que así sea, pero los hechos son los que son y una colección sirve como testimonio de lo vivido en una época.
n su larga tradición oral y escrita es más complicado de lo que parece...), son aquellos tebeos con títulos sugestivos y pocas hojas en el interior, donde se ilustraba más que se contaba una historia. Los argumentos eran casi siempre los mismos y los protagonistas tampoco solían cambiar mucho: había un príncipe, una princesa (o conde y condesa), algún campesino o campesina (o leñador/cazador), un hada mala, otra buena, un ogro o un gnomo y poco más. El mensaje que transmitían aquellas historias era que el bueno, valiente e ingenioso, y la buena, desgraciadita y guapa, siempre eran recompensados al final. En la últ
ima viñeta se podía ver su felicidad y, entonces, las protagonistas tenían ocasión de lucir unos trajes preciosos, con unos peinados llenos de bucles, adornados por grandes diademas.
e, y ahora dedica muchas de sus energías al belenismo, actividad en la que es un maestro.

Foto nº 279: Varsovia. M. J. Fuster

templos paganos e iglesias y han ofrecido su resplandor parpadeante a todos los pueblos y culturas.
ubrió uno de ellos en el Rastro de Madrid y no resistió la tentación de comprarlo. Le encantó ese objeto útil en el que el artesano suele derrochar imaginación, siempre al servicio de una técnica elemental pero eficaz.
contemplar algunos ejemplares, así como conocer diferentes tipos de lámparas de aceite en su blog "El Museo del candil". Él, que es el experto, nos explica a qué corresponden las diferentes denominaciones de estas lámparas. Además de los candiles de pico y zoomórficos, dedica su atención a los faroles, las lucernas, los quinqués y las linternas.
("ni aunque lo busques con candil...). También ha sido fuente de inspiración para muchos poemas. Y, llegados a este punto, queremos transcribir el que Ramón de Campoamor tituló "El candil de Carlos V", que dice así:

unos de ellos fueron editados como folletines y actualmente son piezas únicas.
de 30 a 80 años y, como él dice, gozando todos ellos de buena salud.
Cuando esa persona fallece, los que vienen a ocupar su espacio se deshacen de todas sus cosas y venden o regalan muebles y trastos pero, con un poco de suerte, los programas no desaparecerán de escena, porque si Roberto los encuentra ¡están salvados!
desde la noche de los tiempos, los programas de mano que se ofrecen en las salas de teatro tienen una vida mucho más corta, pues se remontan al siglo XIX.
