
Julio José Refay es un coleccionista de todo lo relacionado con el ajedrez. El está interesado tanto en los tableros, como en los juegos de tipo profesional, en las computadoras de ajedrez, en mesas de ajedrez, en los relojes de competición, en métodos de juego para acertar jugadas, en todo. Sabemos, de todos modos, que tiene una debilidad por los libros de tema ajedrecístico, y la biblioteca que ha conseguido formar es uno de sus mayores logros.
No es de extrañar que esté orgulloso, pues no debe haber muchas bibliotecas especializadas en la materia tan completas como la suya. Nos cuenta el Sr. Refay que actualmente el número de volúmenes que hay en ella superan los 5.000. Por lo que se refiere a las revistas de todo el mundo que ha conseguido reunir, alcanzan ya la impresionante cifra de 20.000.
Ni que decir tiene que a la hora de coleccionar estas piezas no sólo cuenta la rareza o representatividad de las mismas, sino que se aprecia especialmente el valor
testimonial que pueden aportar.
Por eso, si es interesante tener tableros de madera de encina, nogal, caoba, resina, cuero, etc. para conocer los materiales con los que se pueden fabricar, supone algo especial el poseer, por ejemplo, aquél en el que se jugó la semifinal del Campeonato Mundial de 1980 en Buenos Aires, entre Korchnoi y Polugaievsky, pues eso es un valor añadido para un coleccionista.
Lejos queda el día en que para llevar adelante su proyecto de coleccionar todo lo que tuviera relación con el ajedrez, Julio José comprara el libro "Fundamentos de ajedrez" de José Raúl Capablanca, pero la pasión por el tema sigue intacta, por eso nos menciona con la misma ilusión una de sus últimas adquisiciones "Secretos del Juego Posicional" de Mark Dvoretsky, .
Carlos A. Ilardo en su reportaje sobre los coleccionistas argentinos de ajedrez para Cheesbase, da a conocer las colecciones del señor Rubén March Ríos y la que comentamos de Julio José Refay. De allí hemos tomado las fotos que mostramos, aunque hemos rectificado la información, pues a medido que el tiempo pasa la colección aumenta y las cantidades de las piezas coleccionadas se quedan pronto pequeñas. Una peculiaridad de esta colección es que no se presta al intercambio entre coleccionistas, pero lo que sí se nos permite es disfrutar con la vista de unos objetos funcionales y bonitos, que muchas veces son verdaderas piezas artísticas, pues están hechas a mano en materiales nobles. Sin olvidar el ingenio y la innovación, que también alcanza a uno de los juegos más antiguos de nuestra civilización.














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