miércoles, 18 de diciembre de 2013

Una colección de tarjetas de Navidad de aguinaldos




¡Felices fiestas tengan Vdes.!







"En la puerta de mi casa
voy a poner un petardo
para reírme del que viene
a pedir el aguinaldo
Pues si voy a dar a todo
el que pide en Noche Buena
Yo sí que voy a tener
que pedir de puerta en puerta.
Arre borriquito, arre burro arre,
arre borriquito,
que llegamos tarde".


Un villancico tan aparentemente inocente como este (lo del petardo no deja de ser una crueldad, impropia de estas fechas), refleja muy claramente un malestar social: el de las familias que se veían acosadas por huestes de gente que llamaban al timbre de sus casas pidiendo aguinaldo (por no hablar de los que tenían que ir a pedir...). Había ocasiones, en las que el jefe de familia daba la orden de que estuviera toda la casa con la luz apagada y que nadie hiciera ruido, para no tener que abrir la puerta y verse obligados a darle algo al que llamaba, detalle que, desde luego, no pasaba desapercibido por el que esperaba en la calle.
Tal fue el abuso y proliferación de las personas de todos los oficios, que se lanzaban a felicitar las Pascuas de puerta en puerta con una tarjeta en la mano, que acabó siendo una iniciativa muy criticada y se tomaron medidas para evitarla. Finalmente esta costumbre desapareció,  ya en la década de los 60, del siglo XX.
El origen de estas tarjetas,
parece ser que se remonta a principios de ese siglo, así es que no tuvieron una existencia muy larga.
Y, estamos hablado de tarjetas de felicitación para pedir el aguinaldo, pero ¿cómo eran estas tarjetas? Pues todas muy similares. En el anverso se mostraba al funcionario público o al profesional privado, con su traje de trabajo. Por si acaso costaba identificarlo, venía un rótulo bien grande con el nombre del oficio de la persona: el barrendero, el basurero, el carretero, el ebanista, el botones, el electrecista, el aprendiz, la aprendiza, la portera, el panadero, el herrero... Se les solía representar llevando a cabo su trabajo, en alguna escena habitual. 
El personaje en cuestión, venía enmarcado con motivos ornamentales navideños, que en aquél entonces no consistían en ningún Papá Noel, ni árbol de Navidad, ni renos bailando, etc. sino que eran fundamentalmente el portal de Belén con la Virgen María, San José y el Niño;  alguna ramita de acebo o cintas de colores y, lo más deseable, lo que de verdad interesaba en aquellos tiempos de dificultades: unas botellas de bebidas alcohólicas, barquillos, turrón, manzanas, plátanos, alguna nuez, puros, un pavo... También llevaba escrita cada tarjeta la frase "Les desea felices Navidades" o algo similar.
En el reverso, con el título de FELICITACIÓN  venía un poema, que podía ser el mismo para casi todos los oficios, cambiando solo una palabra. Donde decía: "Oiga a su buen corazón,/ Aumente usted la alegría,/ De la aprendizas en este día/ Dios le de su bendición", pues se sustituía aprendiza por obrero, espitero del gas, etc.
Muy significativo es el que empieza así: "Aquí viene un servidor/ Para no perder la costumbre./ No lo tome a pesadumbre/ Recíbame por favor", en el que parece evidente que el que va a pedir ya se teme el recibimiento que puede encontrar.
También encontramos otros, claramente propagandísticos y de autobombo, como este del herrero: "Un año justo ha pasado/ Y con dicha sin igual/ Muy contento y muy jovial/ Mis servicios te he prestado/ Siempre atento y diligente/ A donde quisiste fui/ Siempre leal y sonriente/ Y pues llega hoy el día/ de las Santas Navidades/ Dios te de felicidades/ Con dichas mi y alegrías/ Que estas fiestas del turrón/ Del pavo y de los barquillos/ Con tu gente y tus chiquillos/lo pases con ilusión".
Y el aprendiz, por ejemplo, tampoco se quedaba atrás:
"Soy, señores, el aprendiz,/ alegre y trabajador,/ haga frío o calor,/ soy un muchacho feliz./ Ayudo en los trabajos/ que efectúa el oficial;/ soy un chico muy formal/ y le cumplo sus encargos./ Dinámico, alegre y optimista/ sirviendo a todos por igual...".
Tampoco faltaban los versos en los que se pedía abiertamente una gratificación:
"¡Ya se acercan, ya se acercan/ las Pascuas de Navidad/ Los pavos sus rojas crestas lucen hoy por la ciudad/. Las tiendas son como estuches/ repletos de cosas bellas/ cestas de oro, como estrellas/ contienen ricos turrones/ hay barquillos a montones/ frutas de color de fuego/ licores que un buen lego/ fabricó con arte mago.../ ¡Toda la tierra es un lago/ donde se refleja el cielo/ Por esto con santo anhelo/ las fiestas yo os felicito/ y si me dais un poquito/ de vuestra dicha y ventura/ una alegría muy pura/ llenará mi alma de amor/ y agradecido y contento/ queda vuestro servidor".
Estas tarjetas, además del encanto que  siempre tienen las ilustraciones antiguas, son interesantes para poder ver la cantidad de oficios que existían antes y que ahora han desaparecido. También son curiosos y descriptivos los textos de los poemas que van en el reverso. Aunque suelen repetirse mucho, siempre son una ventana abierta a otra época, a otra sociedad.
La que suscribe, descubrió estas bonitas ilustraciones en casa de su suegra, que vivía en Barcelona y tenía la buena costumbre de guardar casi todo lo que entraba en su casa.  A partir de entonces siempre me ha llamado la atención este tema y he procurado ir aprovisionando la colección. 
Y como hemos empezado con villancico, vamos a terminar igual, con una canción, pero distinta:
"Ya viene la vieja/ con el aguinaldo/ le parece mucho/ le viene quitando/ le parece mucho/ le viene quitando/
Pampanitos verdes/ hojas de limón/ la Virgen María/
Madre del Señor".



para todos: