miércoles, 12 de febrero de 2014

Una colección de anuncios de mercadillos de segunda mano




ALMONEDAS, brocanteurs, DESEMBALAJES, marché aux puces, ChamARileRoS, Vide-Grenier, QUINCALLEROS, rastros, FLEA MARKETS, braderie, cambalacheroS...


¿Qué tienen en común todos esos términos? Pues que se refieren a mercadillos donde se puede encontrar de todo y, en ocasiones, a buen precio. Aunque la terminología es bastante específica, y muchos de estas palabras, en principio, determinan cosas bien precisas y diferentes entre sí, en la práctica, las personas que se dedican a uno u otro de esos menesteres vienen a desarrollar la misma actividad: comprar y vender artículos de segunda mano. 

Vemos, por ejemplo, que el origen de la palabra almoneda era una venta de bienes muebles en subasta pública pero, por extensión, en la actualidad se utiliza para designar la venta de géneros usados a precios bajos, dejando de lado el hecho de que se tratara antiguamente de una subasta.
El marché aux puces o mercadillo de pulgas, es bien descriptivo. Parece ser que es de origen parisino y se decía de un modo peyorativo para referirse a los mercados donde los traperos revendían ropa y otros enseres que habían recogido de cualquier parte, y donde no faltaban los bichitos que le dan nombre.
El conocido término francés de braderie, hace más bien referencia a una venta de mercancía de ocasión, saldos, liquidación, baratillo, y se asocia a mercado de segunda mano organizado por los profesionales.
Y es que en nuestro país,  las ventas efectuadas por profesionales de un sector, brocanteurs, chamarileros, etc. son bastante populares y cada día proliferan más, pero no ocurre lo mismo con las transacciones que se efectúan de particular a particular. 
Así como en otros lugares a muchas personas de cualquier condición social, no les supone un gran sacrificio ponerse delante o detrás de un tenderete en un mercadillo de segunda mano, con el fin de vender sus cosas y sacar algún dinerillo, aquí entre nosotros es muy diferente. 
Y es que, en muchos países europeos, es muy común que cuando la gente decide deshacerse de aquellos objetos  que ya no utiliza o, sencillamente, que están cansados de ver por casa, o cuando a causa de una mudanza se ven forzados a hacerlo, no tienen ningún reparo en plantarse con sus tesoros en la calle designada o en su garaje, y esperar a ver si a alguien le apetece llevarse alguna de sus cosas por muy poco dinero.  Sin embargo, entre nuestros paisanos, se suele opinar que "por cuatro cuartos que vas a sacar, no vale la pena tanto sacrificio"... 
Por eso, las braderies, ventas en garajes, etc. no son muy populares entre nosotros, porque el hecho de tener que vender las pertenencias supone bastante sacrificio: trabajar un fin de semana, levantarse pronto, pasar frío, aguantar la lluvia, etc. y, por eso, se tiende a pensar que no compensa.
También es verdad que ese tipo de mercadillos se van adaptando a los nuevos hábitos y características de la población. Por ejemplo, los vide-greniers, que ya sabéis que significaría "vacía desvanes" (donde se supone que las familias guardaban las cosas de la casa que ya no necesitaban) y que los propios particulares suelen vender directamente al público, o a algunos profesionales del ramo, hoy día se han transformado actualmente en vide voitures, término popularizado en Canadá y utilizado también en los países anglosajones, así como el de Car Boot Sale, que se traduce en nuestro idioma por mercadillo sobre maletero. En este caso, en lugar de exponer sus artículos en la calle o en un recinto, los particulares  acuden a un parking o lugar convenido con los coches cargados con sus cosas, que exponen sobre el vehículo o en el maletero, y donde pueden venderlas directamente al público asistente sin el esfuerzo de tener que preparar una mesa, etc.    
Estas manifestaciones comerciales, tanto las organizadas por profesionales como las que se venden  de particular a particular, ofrecen la posibilidad de encontrar objetos diferentes de los que se ven habitualmente en las tiendas normales, y permiten disfrutar de la originalidad y el encanto de otras épocas. Para los coleccionistas resultan de una ayuda inestimable, pues les brinda la ocasión de poder conseguir para su colección piezas antiguas, raras, que ya no se fabrican, y a unos precios interesantes.
Quizás algún visitante habitual de este blog, habrá observado que en esta ocasión todavía no he hablado del coleccionista, lo que suelo hacer al principio del comentario, y es que hoy no es nadie especial, sino la que suscribe. 
Y si tengo que explicar por qué me gustan estos anuncios, es porque estéticamente tienen su gracia, y, además, hacen que a un coleccionista se le ponga a latir el corazón pensando en lo que puede encontrar en el lugar anunciado.
Por lo que se refiere al tema elegido para el diseño gráfico, es fácil advertir que el  más recurrente es la acumulación de objetos diversos, lo que da a entender que en ese lugar que están publicitando, se puede encontrar de todo. Una atmósfera de otra época y una serie de objetos evocadores, nos animarán a pensar que vamos a encontrar la perla rara. 
El hecho de que los artículos mostrados estén amontonados y en desorden, tampoco es algo inocente, porque eso es lo que precisamente ayuda a transmitir el mensaje de que habrá cantidad de cosas viejas, baratas, insólitas y de que se podrá rebuscar, tocar, tocotear, hurgar  y descubrir verdaderos tesoros. Justo lo que el coleccionista quiere oir. Y eso es lo que creo que más me gusta, lo que sugieren.
Ni que decir tiene que muchísimas ciudades y pueblos en todo el mundo, cuentan con alguna manifestación de este tipo, es decir, de venta de objetos de segunda mano. 
Hay mercadillos que se celebran regularmente como, por citar algún ejemplo, el Portobello Market de Londres, Porta Portese en Roma, el de la Place du Jeu de Ball en Bruselas, Sant Ouen en París, los Encantes en Barcelona o el Rastro de Madrid. Algunos de estos se celebran cada día de la semana, otros sólo los domingos y en ocasiones hay mercado tres o cuatro días semanalmente.

En todas partes, es muy recomendable a la hora de dirigirse al vendedor/a, ser amable. ¿Por qué? pues porque, aparte de que es un ser humano, cuando le pidamos el descuento (algo que no puede faltar) será más fácil que se muestre inclinado a concedérnoslo y acepte la proposición que le hacemos. Desmerecer el artículo que queremos comprar no sirve de nada, no es buena táctica. 
Cada vez con más frecuencia, se organizan mercados de segunda mano especializados en algún tema específico, ya sea, por ejemplo, de papel, juguetes antiguos, etc. Si tienes la suerte de que el objeto de tu interés sea el protagonista del evento, felicidades, porque te vas a poner las botas. Si no puedes comprar mucho, al menos puedes pasarlo bien viendo cosas que te gustan (aunque, para ser sinceros, fastidia un montón que la pieza de tus sueños se la quede un imbécil que no sabe apreciar lo que tiene entre manos y que, además ofende, porque ha sacado una cartera llena de billetes y, poniendo una cara de satisfacción insultante, miraba con desprecio a su alrededor, y...).