miércoles, 10 de julio de 2013

Una colección de miniaturas



GRANDES RETRATOS,
LAS  MINIATURAS



Eloy Martínez  Lanzas colecciona retratos en miniatura. Su colección cuenta con ejemplares pintados sobre diversos soportes, ya sea sobre metal, madera, pergamino, papel, marfil. Este último material se comenzó a utilizar en Europa a partir del primer tercio del siglo XVIII, y se popularizó su uso hasta bien entrado el siglo XIX. Sus características físicas, como la luminiscencia y la transparencia, hacían de el, el soporte preferido por los miniaturistas. 
Y tenemos que decir, que Eloy no es solamente coleccionista, sino que
también es un auténtico estudioso en la materia. Lleva años investigando este género artístico sin importar escuela, nacionalidad o técnica empleada. Según nos cuenta, existen muchos aspectos, especialmente si nos referimos a la miniatura española, que resultan oscuros y poco transitados, lo que convierte su estudio todavía en algo más apasionante. Sus trabajos los presenta en certámenes y simposios internacionales donde es invitado, y también en diversas publicaciones especializadas. Los que estén interesados en este tema, pueden acceder a su blog "Colección de miniaturas", donde viene desarrollando y divulgando el antiguo arte del liming, simultaneando su estudio con la restauración de miniaturas.
Nos cuenta Eloy que esta pasión por las miniaturas le viene de lejos. Puede decirse que todo empezó hace más de treinta años, cuando cayó en sus manos un libro inglés  de miniaturas publicado en 1905. Aquellas viejas ilustraciones en blanco y negro le cautivaron, y, la verdad es que aún siguen haciéndolo.
Lo que le atrae más de las miniaturas es el pensar que este tipo de arte jugó un papel importante en las relaciones afectivas de nuestros antepasados, más de lo que pudiera imaginarse. Recordemos que la principal función de los pequeños retratos era mantener vivo el recuerdo de los seres más allegados y queridos, por eso, lo que nos muestran las miniaturas son personas cercanas, entrañables, de carne y hueso. Son maridos, novios, esposas, madres, amigas, imágenes de seres queridos, que se contemplan cuando uno se encuentra solo y piensa en ellos. Son rostros llenos de humanidad, familiares, cada uno con su personalidad. Así como el gran retrato que se exhibía en los salones a la vista pública, ensalzaba la dignidad y la clase social a la que pertenecían los

personajes, con la miniatura estos aspectos no se buscaban. Esta visión más cercana y humana  de los retratados, nos da las claves para entender mejor aquellas sociedades y nos ayuda a conocer muchos acontecimientos del pasado.
Precisamente, ese afán del artista por adentrarse en la personalidad del retratado, hace que se centre en los rostros, lo demás es secundario. Vemos que predominan los bustos (cortos, medios o largos); en ocasiones aparecen las manos, y se puede ver al personaje en actitud de reposo, apoyado su brazo sobre una mesa, una silla, o con alguna flor en la mano, pero poco más. 
El pintor sitúa a su modelo delante de él, y lo mira a los ojos, para ofrecernos su imagen de perfil, frontal, vista cinco octavos, etc. aquella posición que capte mejor su expresión.  
Es interesante recordar que los retratos miniatura comenzaron a conocerse y popularizarse a partir del siglo XVI, estando en pleno uso hasta el siglo XIX. Posteriormente, sufrieron la competencia de la fotografía, una reproducción más fiel e inmediata, y cayeron en desuso.  
La colección Martínez Lanzas-de las Heras, consta de unas 450 piezas y tiene representación de muchos países europeos y americanos. Podemos citar miniaturas suecas, alemanas, italianas, escocesas, francesas, inglesas, norteamericanas y especialmente españolas, por supuesto. Las tiene expuestas en vitrinas, sin atender escuelas a las que pertenecen, países de procedencia o temática alguna, simplemente obedeciendo a un esquema compositivo que Eloy ha diseñado
En España, desgraciadamente, no se ha prestado por las autoridades académicas mucha atención a este género artístico, que se ha tildado, por algunos, como un arte menor, más propio de un proceso artesanal que de una auténtica creación, lo que es un grave error. El retrato, independientemente del formato, es un género que ha dado al arte, a lo largo de su historia, obras maestras de la cultura occidental.
El estudio del Renacimiento inglés no estaría completo sin contar con la obra en miniatura de Nicolás Hilliard  o de Hans Holbein, o la Francia de Enrique II, Enrique IV y Luis XIV  sin la obra de François Clouet o Jean Petitot, o la Inglaterra de los Estuardos sin Samuel Cooper o John Hoskins, o la Austria de la emperatriz María Teresa y de Francisco II sin  Heinrich Füger o Josef Kreutzinger, o el periodo del rey Jorge III de Inglaterra y regencia del príncipe de Gales, sir Richard Cosway o John Smart, por mencionar algunos artistas. Que, por cierto ¿alguien se atrevería a calificarlos de segunda fila? Entre nuestros grandes pintores, Goya, por ejemplo, también le dedicó su atención a las miniaturas.
Para aprender muchas cosas sobre el arte y sobre las miniaturas en particular, os aconsejamos que visitéis el blog de Eloy que ya hemos mencionado, Colección de miniaturas, donde muestra, analiza y documenta estos pequeños tesoros repartidos por todo el mundo. Y para conocer más en profundidad esta colección, además de visitar el blog, también podéis comprar sus libros, el último de ellos con más de 100 fotografías.
Desde luego, hoy día no se necesita encargar a un pintor el retrato del marido o de los hijos para llevarlos encima. Basta mirar el teléfono móvil para ver cómo estaban hace poco rato o tan solo hace unos días. Pero seguro que tampoco se debe sentir lo mismo al ver desfilar un montón  cambiante de imágenes delante de nosotros, que al contemplar un día tras otro la imagen del ser querido,  aprendida de memoria a lo largo  de una vida.


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