miércoles, 11 de febrero de 2015

Colección de llaves





Llaves que sirven para una cosa
Y para todo lo contrario:
abrir y cerrar,  ocultar y descubrir, guardar y ofrecer

Magi Durán, que ya nos ha hablado en este blog de varias de sus colecciones, como la Chartreusse de Tarragona, Gigantes y Cabezudos, etc. hoy nos presenta su colección de llaves.
Esta colección la comenzó hace unos cinco años y, aunque no se dedica a ella exclusivamente, ni le puede prestar demasiada atención, la colección progresa adecuadamente.
¿Qué es una llave? ¿a qué tipo de llave nos estamos refiriendo? Pues todos sabemos que la llave es un objeto que se usa para abrir y cerrar, no cualquier cosa, sino precisamente una cerradura determinada, que está incorporada a aquello que se pretende proteger,  ya sea una casa, un arca, o un simple diario donde se guardan los secretos. 
Como Magi colecciona llaves antiguas, nos referiremos solamente a ellas, es decir, las que llevan una parte ancha, que permite su manejo, y un vástago, en el que hay distintas muescas o estrías que forman un código. Este código es el que debe coincidir con el que pide la cerradura.
Sobre su origen pasa como siempre, que se ofrecen y se repiten datos que no tenemos ni idea de si pueden ser ciertos o no, pero parece ser (por ser lo más repetido) que su invención se debe a Teodoro de Samos, en el siglo VII a. C. Las primeras llaves fueron fabricadas en madera, de ahí que no hayan llegado piezas antiguas hasta nuestros días. No obstante, el uso del metal en la fabricación de llaves se dio pronto, aunque el mecanismo no era el mismo que el actual, sino que fue evolucionando con el paso del tiempo. 
Lo que es cierto es que se conservan llaves de la época de los romanos. También está constatado que fue en el siglo XII cuando empezó a hacerse de mayor tamaño la anilla circular que tenía en uno de sus extremos. Eso permitía manejarlas mejor y poder colgar varias juntas en una especie de llavero o en cualquier otro lugar. Así las llevaban las amas de llaves (como su nombre indica...) atadas a su cintura, o los serenos...
En el siglo XIII comenzó la ornamentación de esas anillas y durante el siglo XV y XVI se tendió cada vez más a trabajarlas profusamente, con adornos florales, los escudos de las familias, las iniciales, 
A partir del siglo XVIII se produjo un gran cambio, pues en Inglaterra se empezó a utilizar el acero en la fabricación de llaves.
Precisamente, hablando de materiales de llaves, digamos que los más usuales fueron el hierro  de fundición, el bronce, cobre, hasta llegar al acero y aluminio.Actualmente hay muchos tipos de llaves bien diferentes de la forma clásica, pero todas tienen el mismo objetivo: abrir y cerrar algo. Sin querer ser exhaustivos, pensemos en las llaves magnéticas de los hoteles, en las que se usan para abrir a distancia, como las de los coches, etc. Incluso, como curiosidad, podemos recordar las llaves que solas no abren nada, sino que se necesitan un número determinado de ellas (dos, tres, etc.) para accionar el mecanismo de una cerradura.
Pocos objetos guardan tanto simbolismo como unas simples llaves. Empezando por las que Jesús entregó a Simón Pedro para abrir las puertas del reino de los Cielos y que simbolizan el Papado, por lo que están representadas en la heráldica del Estado del Vaticano. Hasta otras llaves que son expresión del poder más terrenal, como las que han servido para plasmar el cambio de poseedor de ciudades y pueblos enteros, como, por poner algún ejemplo,  las que entrega Boabdil a los Reyes Católicos en "La rendición de Granada", o  las que recibe Spínola de manos de Nassau en "La rendición de Breda". En sintonía con este simbolismo, también se entregan las llaves de una ciudad a una persona que ha hecho algo meritorio por ella, en demostración de deferencia.
Para abrir o cerrar, para esconder o enseñar, para hacer funcionar o dejar en reposo, etc. etc. las llaves nos hacen falta cada día, por eso una de las preguntas más repetidas en la aldea global probablemente sea esa de ¿llevas las llaves? Si se responde SI suele significar, todo va bien, y un NO puede equivaler a un ¡la hemos liado!