martes, 17 de junio de 2014

Una colección de máscaras latinoamericanas




MASCARAS QUE  NO OCULTAN NADA (aunque tapen)
sino que DESCUBREN


Hoy os presentamos a Claudio Rama, un gran coleccionista uruguayo, que nos explica que lo que el colecciona son máscaras latinoamericanas. Se trata de máscaras etnográficas que representan tradiciones y culturas de los distintos países de la región. Se busca su autenticidad, es decir, que se trate realmente de máscaras que forman parte de alguna tradición, no las que se producen como objetos decorativos. Cuando comenzó a interesarse por este tema, juntaba máscaras de todo el mundo, por eso también tiene Claudio algunas decenas de máscaras de otros lugares, como Portugal, Africa y Tibet, pero después decidió concentrarse en las latinoamericanas.
El hacer uso de máscaras no es algo propio de todas las culturas y tradiciones latinoamericanas. Incluso hay países en los que en algunas fiestas están presentes y en otras no. Para saber un poco más de ellas, podemos empezar diciendo que la mayor parte de las máscaras son frontales, aunque hay muchas máscaras que tapan toda la cara. Incluso hay máscaras con dos caras para ser vistas de frente y por atrás. Algunas máscaras brasileras son piezas que ocultan todo el cuerpo en paja, mientras que en Paraguay se oculta el cuerpo con hojas de plátano.
Por lo que respecta al tema que se suele representar, digamos que hay algunas imágenes o personajes que están muy generalizados, como pueden ser las máscaras del diablos de los carnavales, las de toros en las fiestas, la de tigre en las fiestas campesinas o las de animales en las cosechas. Pero dentro de esta simplificación, existe una enorme diversidad de formas dependiendo de cada cultura. 
Las propias máscaras de diablos pueden ser de diablos cojuelos en la República Dominicana, mitológicos que agregan dragones en Oruro y Puno o mefistofélicos como en Panamá.
Las máscaras de animales son características de muchas tradiciones o fiestas, como en Ecuador y las tradiciones mayas, pero también hay diferencias, como ocurre en el "galo" de medianoche del Carnaval de Recife, que es para divertirse; o con un fin ritual de los chamanes en las máscaras de los indios cunas en Panamá.
Tampoco faltan máscaras de personajes históricos o de la vida cotidiana que han sido ironizados o recordados. Algunas máscaras de Costa Rica las llevan los ciudadanos caricaturizando a la policia. En Paraguay, hay máscaras que representan a los ancestros de las personas, y las guardan del mismo modo que actualmente atesoramos las fotos de nuestros antepasados.
En realidad, las máscaras tienen una gran diversidad de usos y funciones. En algunas se utilizan para contar historias como en Huejozingo o los Parachicos de Chiapas de Corzo. En otros, forman parte de los ritos, como las máscaras de la Huaconada de Mito; de peleas, como las máscaras de jaguares de Zingala; para jugar, como las máscaras de Toros de Guanaguato; o ironizar como los payasos de Ecuador. Muchas son parte de bailes y representan a diversos personajes como el Diablo  la China Supay en Oruro y Puno, o los Diablos de Yare en Venezuela, o de bailes como las que se usan en los carnavales de tantos lugares. La tradición de moros y cristianos tiene mucha presencia en algunas regiones, que se han transformado y la confrontación ha pasado a ser entre el cristiano y el diablo. 
El material más común en el que están hechas es la madera, lo que no impide que su aspecto sea muy diverso porque hay diferentes tipos de madera. De todos modos, es obvio que los materiales utilizados depende de lo que ofrezca el entorno. Las máscaras de las zonas mineras de Bolivia son de metal y las de la selva brasilera y venezolana son de paja y cestería. En algunas zonas rurales están hechas de hueso o de caparazón de animales o inclusive de pieles como las máscaras de los Yarituses en la zona de la chiquitania en Bolivia, donde las máscaras son de piel de cierzo y de león.
Muchas máscaras incluyen no sólo uno sino varios materiales en su construcción, como los Cocoricamos de República Dominicana que recurren al higuero, dientes y crines de burro o caballo, huesos de vaca y brea. Algunas de las mezclas más frecuentes son las de madera y pelos, madera y cuernos, papel maché y cuernos, o metal y pelo. Las plumas caracterizan a parte de las máscaras de los Guloyas de República Dominicana, los Yarituses de Bolivia y los Yanomanis en Venezuela. Hay una tendencia a la incorporación de nuevos materiales y a su industrialización, lo que lleva a que sean hechas en plástico, deteriorando totalmente sus características.  
Nos cuenta Claudio que las primeras máscaras que compró fue a mediados de los años 80, pero no fue sino a partir de los 2000 cuando tomó conciencia del placer y la diversión del coleccionismo. Finalmente, sin proponérselo, el hecho de querer conocer mejor las piezas que conseguía, le hacía descubrir regiones muy diferentes las unas de las otras y esto le ha ayudado a comprender y sentir la diversidad del continente latinoamericano, y también su complejidad. Ahora, su ilusión es formar una buena colección con la esperanza de poder mostrarla un día en un pequeño museo.  
A nuestro coleccionista le gusta cada una de las piezas que ha reunido, porque a todas ellas se suma, además de su propia historia, el esfuerzo que a él, personalmente, le ha costado conseguirlas. Algunas las pudo adquirir baratas, otras muy caras; algunas de casualidad y otros invirtiendo muchas horas de viaje y de persuasión. También tiene piezas regaladas, lo que les confiere un valor añadido. Como, además, unas le gustan porque son muy viejas y otras porque son muy raras, o por ser piezas que ya no se hacen, etc. pues se comprende que es dífícil para él decir cuál es su o sus favoritas. Lo que es seguro es que las últimas incorporaciones suelen ser las que más disfruta... hasta que llegan las siguientes.
Una colección espectacular, en la que cada pieza no sólo nos descubre lo que vemos, que ya es mucho, sino todo lo que tiene detrás: la historia de unos pueblos y su cultura.